Casi una semana después de una de las catástrofes sísmicas más trágicas de este siglo, Rafa Latorre entrevistó en La Brújula a Karina Sainz Borgo para poner contexto a la catástrofe que vive Venezuela tras el doble terremoto del 24 de junio. En la conversación, la colaboradora habitual del programa describió un país desbordado por la desgracia, con miles de personas afectadas, cifras de víctimas aún inciertas y una respuesta institucional que, según denunció, ha llegado tarde y mal.
Un país roto por la tragedia
Sainz Borgo explicó que, a cinco días del seísmo, la devastación ha secuestrado el ánimo tanto de la diáspora como de quienes permanecen en el país. En su relato, La Guaira aparece como una de las zonas más castigadas, no solo por el terremoto, sino también por una larga historia de abandono, precariedad urbanística y falta de inversión.
La periodista subrayó que el impacto humano es inmenso y que, en este contexto, incluso las cifras oficiales resultan dudosas. Recordó que organizaciones internacionales como UNICEF han advertido de que los datos no son fiables y apuntó a que podría haber más de 50.000 desaparecidos y muchos más fallecidos de los reconocidos.
Un Estado que llega tarde
Uno de los ejes de la entrevista fue la reacción del poder político y militar. Karina Sainz Borgo afirmó que en Venezuela "antes de que se derrumbaran los edificios, se derrumbaron las instituciones y se derrumbó el Estado", una idea que resumió su visión del país tras la tragedia.
Según relató, la presencia de las Fuerzas Armadas y de otros cuerpos vinculados al aparato estatal no se dejó sentir con eficacia hasta el tercer día, y en muchos casos su papel ha sido más de control que de asistencia. La colaboradora de Onda Cero denunció restricciones, obstáculos para las labores de rescate y una voluntad de mando asociada al control, no a la ayuda.
Rescates, rabia y desconfianza
Sainz Borgo también se refirió a las escenas de tensión vividas en las visitas de Delcy Rodríguez a las zonas afectadas, donde vecinos y familiares de víctimas la increparon entre gritos e insultos. Para la periodista, esas reacciones reflejan el hartazgo de una población que lleva días esperando maquinaria, rapidez y una respuesta más eficaz.
En paralelo, describió la acción de grupos de rescate internacionales procedentes de Colombia, México y Estados Unidos, que sí han logrado salvar vidas. Frente a ese esfuerzo, lamentó que dentro del propio aparato estatal haya conductas que van desde la obstrucción hasta la rapiña en los escombros.
La Guaira, símbolo del abandono
La entrevistada dedicó buena parte de la conversación a explicar qué representa La Guaira. Dijo que se trata de una zona litoral con mucha actividad portuaria, presencia del aeropuerto y una fuerte densidad de población que combina recreo, comercio y vida laboral vinculada a Caracas.
Pero también recordó que es un territorio marcado por desastres previos, como las lluvias e inundaciones de finales de los 90, y por proyectos urbanísticos de dudosa calidad, como algunas de las viviendas de la llamada Misión Vivienda. En su análisis, el problema no es solo natural, sino estructural: construcción deficiente, falta de supervisión y ausencia de presupuesto real para reconstrucción.
Una historia que se repite
Sainz Borgo cerró su intervención con una idea de fondo: Venezuela vive una historia en bucle de abandono y precariedad. A su juicio, el país vuelve a enfrentarse a una tragedia en un contexto donde el Estado no protege, no asiste y no reconstruye, sino que vigila y castiga.
En ese marco, La Guaira se convierte en símbolo de una crisis más amplia: la de un país con abundante aparato militar, pero sin capacidad real de respuesta ante una catástrofe de esta magnitud.
