Ocurrió el 26 de diciembre de 1996 en Colorado, Estados Unidos. Tan solo tenía seis años. Era guapa, despuntaba entre sus iguales por sus dotes en el mundo de la belleza a pesar de su corta edad y probablemente era la envidia de muchas de sus amigas, pero sobre todo, JonBenét Ramsey era una niña llena de vida.
Una que le fue arrebatada de forma atroz. La encontraron muerta en el sótano de su casa, sin saber cómo, cuándo ni por qué. Hoy, más de 30 años después de su muerte, todavía se desconoce quién pudo cometer el asesinato.
La autopsia desveló que la muerte fue provocada por estrangulamiento y un fuerte golpe en la cabeza. Además, su cuerpo presentaba signos de agresión sexual.
¿Quién pudo ser?
Todo comenzó la mañana del 26 de diciembre, el día que encontraron el cuerpo en el sótano de su casa. Su madre, Patsy Ramsey, denunció la desaparición de su hija y encontró una nota escrita donde se exigía un rescate a cambio de no contactar con la policía. Pero su familia no hizo caso, pues llamaron a las autoridades e informaron a vecinos y amigos sobre lo que estaba ocurriendo. Horas después, el cuerpo de JonBenét fue encontrado en el sótano por su padre, John Ramsey.
Inicialmente, los agentes sospecharon de los padres de la niña, pues había algunas cosas que generaban cierta duda, como la aparición de la nota manuscrita y la ausencia de forcejeo para entrar en el domicilio. Sin embargo, la falta de pruebas descartó esta posibilidad.
Años después del asesinato, en 1999, un jurado votó acusando a los padres por abuso infantil, pero el fiscal de distrito nunca presentó cargos al considerar que no había suficientes pruebas para ello.
ADN y teorías paralelas
En 2003 se encontró ADN de origen desconocido en la ropa de la pequeña. Este no coincidía con ningún miembro de la familia, por lo que llevó a pensar que fue un intruso quien cometió el crimen. Pero no fue hasta 2008 cuando la fiscalía exoneró oficialmente a la familia Ramsey.
Dos años antes de su exoneración, en 2006, una persona confesó el asesinato. Se llamaba John Mark Karr, pero su ADN no coincidía con el que se encontró en la escena del crimen, por lo que su confesión quedó descartada.

