Mucha gente no se ha parado a pensar qué hacen los animales en la naturaleza cuando se ponen enfermos, cuando tienen parásitos, o cuando tienen algún tipo de herida. Los animales también se automedican, asegura Odile Rodríguez de la Fuente en Por fin.
La automedicación de los animales: plantas, insectos o minerales
"Los animales utilizan plantas, insectos o minerales para curarse. Esta habilidad se conoce en ciencia como zona fármaco cognoscitiva", explica Odile. El instinto más evidente de los animales para curarse tiene que ver con la conducta e implica el reposo y el ayuno.
"Cuando un animal está herido por instinto deja de comer porque el cuerpo puede concentrar toda su energía en el sistema inmunológico y no en la digestión, y luego buscar refugio y dormir", asegura la experta, que señala que la regeneración celular ocurre principalmente durante el descanso profundo.
Hay animales que cuando saben que tienen una herida saben qué hacer para minimizar las probabilidades de que la herida se infecte: "los felinos en Europa como el gato montés o en licen buscan matorrales ricos en taninos y resinas como la Jara, y se frotan contra ellos. Se untan de la resina pegajosa porque es un potente cicatrizante. Los gatos monteses del norte de Europa se rozan donde tienen heridas contra la corteza de los pinos y de los abetos porque la resina de estos árboles tiene trementina y otros compuestos que actúan como un pegamento natural que ayuda a sellar las heridas y evitan que entren las bacterias".
Otro de los instintos de los animales para curarse es lamerse las heridas porque la saliva tiene enzimas que destruyen las paredes celulares de las bacterias y hormonas que aceleran el proceso de regeneración de la piel.
La mayoría de medicamentos que usamos los humanos vienen de la naturaleza
La experta asegura en Por fin que la mayoría de los medicamentos que utilizamos los seres humanos, incluidos los antibióticos, vienen de la naturaleza y muchos han sido descubiertos gracias a la observación de la conducta de los animales.
Además, Odile explica que los insectos son los reyes de la farmacopea. Por ejemplo, las abejas producen propóleo, que es una sustancia que producen estos insectos tras recolectar resinas de árboles y luego lo mezclan con su propia saliva y con sus enzimas, y crean esta sustancia que es bien conocida ya en la tradición cultural de los seres humanos por sus propiedades, antibióticos, anti fúngicas y antivirales.
"Cerca del 75% de los fármacos contra el cáncer, por ejemplo, tienen un origen natural o están inspirados en la naturaleza. Casi el 80% de los antibióticos provienen de hongos o de bacterias en el suelo", comenta Odile.
"La naturaleza es el mayor laboratorio que existe con seres vivos que llevan millones de años perfeccionando venenos, defensas contra bacterias y virus", afirma.
