El gran apagón que dejó sin suministro eléctrico a más de la mitad de España volvió a dejar patente como en otro tipo de crisis, que según el tipo de persona, las horas posteriores se viven de manera muy diferente. Mientras algunos han reaccionado con calma, otros no podían ocultar su nerviosismo, reacciones impulsivas o bloqueos.
La psicología tiene respuestas claras: hay ciertos rasgos de personalidad y patrones mentales que aumentan la probabilidad de “perder los nervios” en situaciones críticas. Estos son los siete factores más comunes:
1. Alto neuroticismo
Es uno de los cinco grandes rasgos de la personalidad (modelo Big Five). Las personas con alto neuroticismo perciben antes las amenazas, reaccionan con más intensidad y tardan más en recuperar la calma.
2. Intolerancia a la incertidumbre
Cuando no hay información clara, estas personas sienten que el peligro es inminente. En este caso, no tener noticias es la peor noticia lo que les genera ansiedad continua y pueden tomar decisiones impulsivas solo para “salir del paso”.
3. Déficits en gestión emocional
Suelen usar estrategias poco efectivas como la evitación, la supresión o estallidos emocionales. Les cuesta modular lo que sienten en el momento más crítico.
4. Baja autoeficacia percibida
Se sienten incapaces de manejar la situación. Piensan “no voy a poder con esto”, lo que dispara la ansiedad y favorece el bloqueo total ante la presión.
5. Estilo cognitivo catastrofista
Anticipan siempre el peor escenario posible. Sobreestiman el peligro, se enganchan a pensamientos negativos repetitivos y eso mantiene su ansiedad elevada.
6. Experiencias previas de trauma o estrés crónico
Su sistema nervioso ya está sensibilizado. Ante una crisis, responden con hiperactivación o con una especie de “parálisis” si el entorno les recuerda amenazas pasadas.
7. Escaso apoyo social o entrenamiento práctico
La falta de una red de contención o de conocimientos básicos (como primeros auxilios o cómo actuar en emergencias) deja a estas personas sin recursos internos ni externos para actuar con calma.
Según los psicólogos, estos rasgos no implican debilidad ni falta de personalidad. Son una combinación de factores biológicos, mentales y del entorno que se activan bajo estrés extremo.
La buena noticia: todo esto se puede entrenar. Técnicas como la reestructuración cognitiva, el mindfulness, la exposición gradual a situaciones de incertidumbre y los simulacros de emergencia ayudan a desarrollar autoeficacia, tolerancia emocional y capacidad de reacción.

