en la mirada económica

¿Tiene sentido cerrar las nucleares españolas en plena inestabilidad energética?

La escalada bélica en Oriente Medio ha devuelto la volatilidad a los mercados energéticos y reabre en España un debate clave: el cierre programado de las centrales nucleares. Lo explica el experto Ignacio de la Torre en el podcast de La Mirada Económica con Ignacio Rodríguez Burgos.

La mirada económica 3x09: Efectos económicos de la guerra de Irán

Javier Matiacci

Madrid |

Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano: "Si queremos energía barata, disponible 24 horas y sin emisiones de CO2, no tiene ningún sentido cerrar las centrales nucleares ahora".

La guerra en Irán y con extensión al Golfo Pérsico amenaza de nuevo con un encarecimiento de los suministros como ya sucedió tras el estallido de la guerra de Ucrania.

Y, como explica Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, el detonante es claro: "El nivel de riesgo que refleja el mercadoo no es consistente con el riesgo geopolítico, que tiene un mecanismo conductor que es la energía". Es decir, cualquier tensión en el suministro o en la percepción de riesgo se traduce directamente en la factura de hogares e industrias.

Ese mecanismo ya está funcionando. El gas europeo, referencia clave para fijar el precio de la electricidad, ha pasado de 30 a 50 euros por megavatio hora tras el estallido del conflicto con Irán. "El gas es el que marca el precio de la electricidad, porque es el precio marginal", recuerda De la Torre.

Aunque el actual repunte está lejos de los 348 euros alcanzados en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, el panorama vuelve a ser delicado. Y en medio de esa inestabilidad energética, España mantiene abierto el calendario de cierre progresivo de sus centrales nucleares.

Y ante ese escenario, ¿Tiene sentido prescindir de generación firme en un entorno de creciente volatilidad? Para el economista, la respuesta es rotunda: "No tiene ningún sentido". Y añade la explicación: "Si queremos afrontar un futuro en el que cuadramos un círculo que es que queremos energía barata, energía que llegue 24 horas al día, siete días a la semana y que no emita CO2, ese círculo pasa por prolongar la vida de las centrales nucleares".

El debate no es menor. El gas no solo impacta en la luz. Si su precio se mantiene elevado, afecta a la industria pesada, a las empresas electrointensivas y a sectores como la construcción, donde "dos tercios del coste de un ladrillo es energía". El resultado puede ser un traslado directo a los precios finales y, por tanto, más inflación.

Y ahí aparece otro riesgo: los tipos de interés. Si la energía reaviva la inflación, el BCE podría verse presionado a endurecer su política monetaria. Aunque el escenario base de De la Torre es que el repunte sea "muy puntual" y que los tipos se mantengan en el 2%, la incertidumbre está encima de la mesa.

A todo ello se suma un entorno global más inestable. "Estamos en un mundo donde ya no hay reglas, un mundo de esferas de influencia", advierte el economista, que señala además la posibilidad de nuevas tensiones en Taiwán si Estados Unidos sigue tensionando su capacidad militar en otras regiones.

Foro Nuclear pide replantear el cierre ante los "cuellos de botella" energéticos

Por otro lado, el presidente de Foro Nuclear, Ignacio Araluce, ha defendido en el Senado que la energía nuclear aporta "una tranquilidad tremenda" en un contexto de tensiones internacionales que encarecen el petróleo y el gas, como ocurre tras el conflicto con Irán.

Según ha explicado, las siete unidades nucleares españolas, pese a representar en torno al 5,5% de la potencia instalada, generan aproximadamente el 20% de la electricidad y evitan la emisión de unos 30 millones de toneladas de CO2 al año, "una barbaridad".

Client Challenge

Araluce ha calificado de "temerario" mantener el calendario de cierre fijado en 2019 y ha denunciado los "altísimos" impuestos que soporta el sector: unos 18 euros por megavatio hora producido, más 10,30 euros adicionales por residuos. A su juicio, el cierre supondría un sobrecoste de hasta 23 euros por megavatio hora para los consumidores y 32 para la industria, en un momento de elevada vulnerabilidad energética.