La crisis de la vivienda es uno de los principales problemas económicos y sociales en España. El acceso a un inmueble resulta cada vez más complicado para una parte importante de la población debido a diversas limitaciones que impiden al ciudadano poder afrontar el coste.
El encarecimiento de los alquileres, la subida del precio de compraventa de los inmuebles y la dificultad para ahorrar lo suficiente para pagar la entrada han creado un escenario especialmente complejo para jóvenes, familias y trabajadores con ingresos medios.
Y aunque el problema puede aparecer en las grandes ciudades, lo cierto es que el aumento de los precios y la escasez de la vivienda se reproduce en todo el territorio. En este sentido, el problema no reside en un único factor, sino que convergen distintas variables que imposibilitan el acceso a la vivienda de millones de españoles.
Sin embargo, la principal causa de la crisis de la vivienda es el desequilibrio entre la oferta y la demanda. El ritmo de construcción ha decrecido en los últimos años, provocando una falta de vivienda que obliga a muchos a retrasar su emancipación.
Es por ello que surge una pregunta. ¿Por qué no se construye lo suficiente?. Son diversas variables las que responden a esta situación que deja en jaque a muchos españoles.
Por qué no se construye vivienda en España
Detrás del déficit de vivienda existe una combinación de factores económicos, administrativos, urbanísticos y demográficos que se han ido acumulando durante años.
El primero de ellos responde a la falta de suelo. Según señala Idealista, muchos municipios ya tienen ocupado gran parte del suelo urbanizable, lo que dificulta la construcción de nuevas casas. Además, la transformación de suelo rústico a urbano o la recalificación suelen ser procesos largos o están regulados de forma rígida.
Por su parte, otra de las variables que incrementan el problema es la falta de mano de obra. El sector de la construcción ha perdido capacidad laboral tras la crisis, sufriendo así un envejecimiento del sector debido a la poca entrada de jóvenes.
También afectan los precios. Las viviendas son cada vez más caras a causa de la subida de los materiales, el transporte y la energía, entre otros. El coste del metro cuadrado aumenta y, por ende, el coste total de la vivienda.
La responsabilidad de las instituciones
Además de los problemas respecto al suelo, la mano de obra y los precios, las instituciones juegan un papel relevante en la falta de construcciones. La responsabilidad urbanística y de vivienda recae en gran medida en las Comunidades Autónomas y Municipios, lo que ocasiona disparidades y falta de coordinación estatal.
Asimismo, la rigidez y lentitud administrativa y urbanística incrementa el problema. Las críticas apuntan a que aumentar de manera significativa la oferta de vivienda exige tomar decisiones que pueden resultar complejas desde el punto de vista político: liberar y desarrollar suelo, agilizar los procedimientos urbanísticos, modificar normativas, aumentar la inversión pública y promover un parque de vivienda asequible que permanezca durante años fuera de las dinámicas más especulativas del mercado.
Son medidas que requieren coordinación entre distintas administraciones y que, en muchos casos, no ofrecen resultados inmediatos. La vivienda que hoy se planifica puede tardar años en estar disponible, mientras que sus efectos políticos y sociales suelen reclamarse a corto plazo.
Las restricciones financieras y el concepto del alquiler
Más allá de los anteriores factores, también entran en juego los bancos y sus restricciones financieras. Tras las crisis anteriores, los bancos analizan muy bien los proyectos inmobiliarios, por lo que acceder a un crédito no es tan sencillo. Es por ello que muchos proyectos que deberían salir adelante se descartan por falta de viabilidad financiera.
Por último, uno de los conceptos que afectan a la construcción son los alquileres. En zonas muy turísticas, muchas viviendas se orientan al alquiler vacacional o turístico, lo que implica menor oferta destinada a residentes.
Por ello, algunas soluciones para hacer frente este déficit de vivienda pasan por incentivar la vivienda asequible, una política territorial coordinada, una mayor estabilidad normativa en materia de vivienda y la liberalización del suelo, entre otras.

