La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia publica un comparador de ofertas de luz y gas que recoge las de todas las comercializadoras que operan en España. No vende nada ni percibe comisión por los contratos que se firmen a través de él.
Esa diferencia importa más de lo que parece. Buena parte de los comparadores que aparecen en publicidad se financian con una comisión de la compañía a la que dirigen al cliente, lo que condiciona qué ofertas se muestran primero y cuáles ni siquiera aparecen.
Lo que hay que tener a mano
Antes de entrar conviene coger una factura reciente, porque el comparador pide tres datos que están en ella y que casi nadie sabe de memoria. El primero es el consumo anual estimado, en kilovatios hora. El segundo, la potencia contratada, que suele figurar en la primera página y que muchos hogares tienen sobredimensionada desde que se instaló el contador. Y el tercero, el código postal, porque hay ofertas que varían por zona.
Con eso, la herramienta devuelve primero una estimación de lo que costaría la factura con la tarifa regulada, el PVPC, y a continuación el listado de ofertas del mercado libre ordenadas de menor a mayor.
La comparación útil es entre esas cifras y lo que uno paga ahora, y conviene hacerla sobre el importe anual y no sobre el de un mes suelto: las facturas de invierno y las de verano no se parecen y comparar la de agosto con una estimación anual lleva a conclusiones equivocadas.
Regulada o libre: el otro dato que casi nadie conoce
Hay una pregunta previa que mucha gente no sabe responder sobre su propio contrato: si está en la tarifa regulada o en el mercado libre. Son dos sistemas distintos, con precios que se fijan de forma diferente, y el comparador ayuda también a identificar en cuál se está.
La regulada tiene un precio que varía por horas según el mercado mayorista, con la ventaja de la transparencia y el inconveniente de la variabilidad. Las del mercado libre suelen ofrecer un precio fijo durante un periodo, lo que da estabilidad pero puede salir más caro o más barato según cómo evolucione el mercado.
No hay una respuesta buena para todo el mundo, y ahí está la trampa de los artículos que aseguran que una es siempre mejor. Depende del perfil de consumo del hogar, de si se puede desplazar el gasto a las horas baratas y de la tolerancia de cada uno a que la factura suba un mes.
Lo que suele salir de la comprobación
En la práctica, quien hace este ejercicio se encuentra casi siempre con dos cosas. Una, servicios añadidos que se contrataron en su día y siguen facturándose: mantenimiento de la instalación, seguros de avería, protecciones varias. Conviene revisar si se usan.
Y dos, potencia contratada de más. Bajarla reduce el término fijo de la factura, ese que se paga aunque uno esté un mes entero fuera de casa, y es un trámite que se hace con la distribuidora.
Merece la pena repetir la comprobación una vez al año. Las ofertas caducan, los descuentos de bienvenida se agotan y la tarifa que era buena hace dos veranos puede haber dejado de serlo sin que nadie avise.

