El programa Nadie es perfecto, de Nacho Arias, arranca con el recuerdo del 40º aniversario de las elecciones de 1977 y con una frase que se quedó tatuada en la política española: “Puedo prometer y prometo”. Ónega, responsable de aquel discurso, repasa con Arias su etapa como jefe de prensa de la Presidencia en La Moncloa: “una labor periodística”, insiste, pero en uno de los momentos decisivos del país.
“Era muy joven… y no me lo pareció”
Ónega recuerda aquellos años como una “inmensa fortuna”: estar allí, con Suárez y con quienes construyeron la democracia. En su relato aparecen nombres clave y también escenas pequeñas que cuentan mucho, como la primera vez que vio al rey Juan Carlos en un pasillo de La Moncloa, cuando el monarca acudió sin avisar a dar ánimo al Consejo de Ministros en un contexto de tensión por el terrorismo.
Al entrar a trabajar en Presidencia tenía 29 años y cumplió 30 apenas unas semanas después. “Comparado con la edad que tengo ahora, sí, era muy joven entonces. No me lo pareció”, dice.
“Tuve la inmensa fortuna de estar allí en un momento apasionante: la construcción de la democracia.”
Mosteiro, Lugo: “No tengo otro patrimonio más que ser de mi pueblo”
La entrevista gira hacia lo personal con Galicia como bandera. Ónega sitúa sus raíces en Mosteiro (Pol, Lugo) y lo resume sin adornos: “No tengo otro patrimonio más que el ser de mi pueblo”. Confiesa que va menos de lo que quisiera, pero que cuando vuelve, lo importante no es el lugar exacto donde duerme, sino dónde “para”: en la gente.
En ese punto, Arias le prepara una sorpresa en directo: entran Rosa y Abel, panaderos del pueblo, y también Maruja. La conversación se llena de risas y cariño, y Ónega deja una definición que funciona como retrato: “Son el afecto personificado”.
Infancia, frío y radio: “He pasado de la Edad Media a internet”
Ónega reconstruye su niñez con imágenes nítidas: heladas, grandes nevadas, su madre levantándose a ordeñar “a las cinco o las seis”, el reuma de su padre y las historias de vecinos antes de que llegara la televisión. “Toda la magia de un pueblo gallego”, dice.
Y lo remata con una frase de época: “Yo he pasado de la Edad Media a internet”. En esa “Edad Media” caben, para él, la llegada de la luz eléctrica, el teléfono mucho después y un detalle que hoy suena casi mítico: un único aparato de radio en el entorno, con el que escuchaban La Pirenaica por la noche.
“He pasado de la Edad Media a internet.”
Cómo empezó el periodismo: una entrevista con 13 años
La curiosidad por la comunicación le llegó, cuenta, a través de El Progreso de Lugo. De niño iba a buscar el periódico y lo leía de camino a casa. Le intrigaba algo muy concreto: ver que las líneas terminaban “todas iguales”. Ese detalle tipográfico le abrió una puerta.
En el seminario, con 13 años, se atrevió con su primera entrevista: al director espiritual. La envió a El Correo Gallego (entonces con edición de tarde) y se la publicaron. Después repetiría con misioneros y, ya fuera del seminario, con artistas que pasaban por Lugo. “Iba con mi gabardina vieja y mis zapatos rotos”, recuerda, haciendo preguntas sencillas. Y el oficio, poco a poco, se quedaba.
La radio “llegó de casualidad”… y se convirtió en casa
Ónega explica que la radio apareció cuando abandonó La Moncloa. Le llamó Eugenio Fontán para proponerle un comentario en Hora 25. Él no sabía bien qué era aquello: grabó una prueba en un magnetofón casero, “con un sonido fatal”, y les gustó. Así empezó.
En la entrevista reivindica el impacto de aquellos años: la radio como medio informativo y el recuerdo de la retransmisión del 23-F como una prueba decisiva. También repasa su larga etapa junto a Luis del Olmo, quien participa en el programa con una charla cómplice y divertida, a medio camino entre el periodismo y la amistad.
“Lo que te hace periodista es currar. Y lo demás son coñas.”
Un juego con presidentes: definiciones sin gritos
En la recta final, Arias le propone escuchar cortes de líderes políticos y responder con lo primero que se le venga a la cabeza. Ónega lo hace con su sello: crítica, contexto y tono sosegado. Sobre Felipe González lo define como “modernizador” con sombras. Sobre Aznar e Irak, lo señala como un gran error. Sobre Zapatero, habla del “romántico” de la Alianza de Civilizaciones que “no supo ver la crisis”. Y sobre Juan Carlos, lamenta el deterioro final por errores que “ensuciaron” la última parte de una biografía útil para España.
“La Transición fue un milagro… y no hubo revancha”
Ya en tertulia, con voces cercanas como Pilar Cernuda y Antonio Casado, Ónega vuelve al punto de partida: la Transición como el gran aprendizaje colectivo. Advierte del riesgo de idealizar, pero subraya algo que, a su juicio, fue decisivo entonces y escasea ahora: generosidad, proyecto de Estado y capacidad de entendimiento.
En una de las reflexiones más contundentes del programa, defiende que la democracia sobrevivió porque quienes volvían del exilio o salían de la cárcel no llegaron con ansia de revancha, sino dispuestos a construir. Y eleva el listón: para él, la Transición sigue siendo “el hecho histórico más importante de los últimos siglos”.
“Fue un esfuerzo insólito… de reconciliación nacional.”
Humor, gratitud… y radio
La entrevista se despide como ha transcurrido: entre afecto, bromas y reconocimiento. Arias agradece el tiempo y el relato; Ónega responde con la misma cortesía de siempre. Y, por si faltaba una última sonrisa, el presentador le pregunta qué canción sonaba el día que nació.
Porque en Nadie es perfecto la historia también se cuenta así: con memoria, con oficio y con un poco de guasa.
