Hace una década dediqué este espacio a uno de los primigenios géneros de música popular: el jazz. Hoy 30 de abril, Día Internacional del Jazz, tomo una de sus principales características, la admirable improvisación, para contraponerla al necesario «someter a planificación» de quienes proyectamos tanto.
En la década de 1920, los músicos de jazz ya subían por el Misisipi desde Nueva Orleans e iban a parar a Chicago, que se había convertido en el epicentro de la creatividad. Leyendas como Louis Armstrong, King Oliver y Jelly Roll Morton se hicieron famosos en la ciudad de mayor población del estado de Illinois. El "estilo de Chicago", valoraba los solos, la improvisación, los arreglos de grandes bandas y un sonido más acelerado y rítmico, lo que llevó a un primer plano a instrumentos como el saxo. Como centro neurálgico del jazz y cuna de muchos grandes músicos de esta vibrante tradición musical, es la ciudad anfitriona del XV Concierto Mundial de las Estrellas, dirigida por Herbie Hancock (músico legendario y vecino de allá), el cual cuenta con un distinguido cartel de artistas de jazz de renombre y podrá seguirse a través del canal de la UNESCO UN Web TV o del YouTube de jazzday.com.
Conviene recordar que la música jazz también contribuye a la construcción de sociedades más inclusivas, ya que: rompe barreras y crea oportunidades para la comprensión mutua y la tolerancia; es una forma de libertad de expresión; simboliza la unidad y la paz; reduce las tensiones entre los individuos, los grupos y las comunidades; promueve la innovación artística, la improvisación y la integración de músicas tradicionales en las formas musicales modernas; estimula el diálogo intercultural y facilita la integración de jóvenes marginados.
