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Lola de la Cruz acerca a Más de uno Murcia a los Hombres Buenos de la Huerta, un tribunal Patrimonio de la Humanidad

La colaboradora de Onda Cero trae hasta el estudio a los representantes de este tribunal milenario del agua, a los que dedicó unos versos en panocho durante la conversación.

Julián Vigara

Murcia |

Diego Frutos, presidente (izquierda); Lola de la Cruz, Julián Vigara y Juan Jesús Sánchez, secretariio Consejo Hombres Buenos

Algunos tribunales imparten justicia desde mucho antes de que existieran los juzgados tal y como hoy los conocemos. El Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia es uno de ellos, sus raíces se hunden en la época andalusí, entre los siglos IX y XIII, cuando los regantes ya se reunían para repartir el agua y poner orden en las disputas. Más de mil años después, sigue juzgando.

Este martes lo hemos conocido de primera mano en Más de uno Murcia. La colaboradora de Onda Cero Lola de la Cruz acercó hasta el estudio a dos de sus protagonistas: el presidente del Consejo, Diego Frutos -huertano y oyente de la casa-, y su secretario, Juan Jesús Sánchez. Una institución tan singular y tan viva que en 2009 la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, junto al Tribunal de las Aguas de Valencia.

Unos versos en panocho para abrir boca

La conversación arrancó con emoción. Lola de la Cruz dedicó al Consejo un poema en panocho, el habla tradicional de la huerta, titulado «Hombre bueno rematao», en el que retrató con humor y respeto el rigor, la mesura y la prudencia de estos jueces huertanos. El presidente, visiblemente emocionado, reconoció que los versos resumían a la perfección el trabajo y el cuidado con el que se dictan sus sentencias.

Un tribunal económico, rápido y firme

El Consejo de Hombres Buenos es el jurado de riego de la Junta de Hacendados y tiene rango de tribunal consuetudinario, reconocido como tal por la Ley Orgánica del Poder Judicial. El huertano acude a él porque es económico y rápido, y porque sus resoluciones son firmes y ejecutivas, contra ellas no cabe recurso ordinario, únicamente el recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional.

Sus normas son las ordenanzas y costumbres de la Huerta de Murcia, y juzga sobre cuestiones de hecho, no de derecho. Aunque su base se remonta a tiempo inmemorial, las normas se han ido adaptando y recogiendo por escrito para ajustarse a la Ley de Aguas y a las necesidades del siglo XXI.

Cómo es un juicio en la huerta

En cada juicio participan el demandante, el demandado, los testigos, el presidente y los jueces. Tras la deliberación, el veredicto se dicta de viva voz 'in voce' y después se traslada por escrito a las partes. El conflicto más habitual, con diferencia, es la reposición del paso de regantes, ese derecho soberano que permite circular junto al agua y que concentra cerca del 90 % de los casos.

El procedimiento sigue cinco fases: la vista de expedientes, en la que el secretario y el presidente se reúnen con los vocales -que cambian cada mes-; la inspección ocular, desplazándose al lugar del conflicto; la conciliación in situ, donde se resuelven entre el 80 % y el 90 % de los casos; la celebración del juicio, si no hay acuerdo; y, en último término, la ejecución de la sentencia cuando no se cumple voluntariamente.

Una labor altruista

Quizá lo más sorprendente es que los jueces no cobran nada por su labor. Son hombres de la huerta que viven de su agricultura, de sus lechugas y de sus melojeras, y que prestan este servicio de forma altruista. Para ellos, el verdadero pago es ver el conflicto resuelto y la paz restablecida entre vecinos.