MONÓLOGO DE ALSINA

Alsina, sobre las anotaciones de Leire Díez: "Que P.S. puede significar Pedro Sánchez, presidente con hermano necesitado de abogado, ofrece poca duda"

El director de Más de uno analiza la visita del papa León XIV a España y su novedosa presencia en el Congreso de los Diputados, así como las últimas novedades del caso Leire Díez.

Leire Díez anotó en su agenda "reunión con P.S" y el Gobierno niega "cualquier encuentro" entre Sánchez y ella

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Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Era un miércoles, víspera de Santa Teresa de Jesús. El ministro de la Guerra subió a la tribuna de este mismo Hemiciclo ante el que hoy perorará el Papa. 'No vengo a hacer una declaración de guerra', dijo, 'al contrario, lo que traigo es una proposición de reajuste de la paz'. El ministro no hablaba en su condición de reformador de los ejércitos, o de gobernante provisional, lo hacía como líder del pequeño partido republicano colmado de intelectuales ---cinco y medio por ciento de los votos---, que formaba parte del gobierno, también provisional, presidido por un abogado conservador y católico. El partido se llamaba Acción Republicana, su líder era Manuel Azaña y el presidente del gobierno era Alcalá Zamora.

Desde la tribuna del Congreso pronunció Azaña la frase que quebraría el gobierno y soliviantaría, durante años, a la derecha confesional: ‘España ha dejado de ser católica’. ‘Que haya en España millones de católicos es un hecho que no discuto, pero el ser de un país no es la suma numérica de las creencias de sus habitantes sino el rumbo que desea seguir para hacer realidad sus ideas. Hemos de renovar nuestro Estado desde la raíz hasta la fronda, respetando la libertad de conciencia, por supuesto, la de todos, pero asumiendo que el Estado moderno no se ocupa de salvar las almas sino de organizar la convivencia. Y no admito que se le llame a esto problema religioso porque la religión anida en la intimidad de la conciencia y aquí de lo que hablamos es de cómo ha de constituirse nuestro estado’.

Se debatía aquel 14 de octubre en el Congreso la nueva Constitución. Se aprobó el artículo que decía que el Estado no tiene religión oficial y el que establecía la disolución de aquellas órdenes religiosas que expresamente declararan su obediencia al Papa. La prensa de izquierdas santificó a Azaña ---‘su discurso’, dijo, ‘fue la oración de un laico sincero’---. La prensa de derechas lo consideró poco menos que el anticristo. Alcalá Zamora, presidente del gobierno, presentó su dimisión. Azaña le relevó en su puesto y la Compañía de Jesús quedó disuelta. España, cuya población de forma abrumadora seguía siendo católica, había dejado de serlo al proclamar su Constitución la laicidad del Estado.

Casi cincuenta años después, las Cortes Constituyentes de la transición, dejando atrás la dictadura confesional de Franco, bebieron en el espíritu del 31 pero no se atrevieron a llegar tan lejos. La laicidad fue sustituida por un sucedáneo: España es aconfesional pero con obligación de los poderes públicos de cooperar con la Iglesia Católica y las demás confesiones religiosas. La católica, por ser la mayoritaria en el 78, es la única a la que se menciona por su nombre.

Esta mañana recibe el Palacio de las Cortes, el mismo que escuchó a Azaña, el mismo que alumbró la Constitución del 78, al jefe del Estado Vaticano. O sea, el Papa. Recibido, y escuchado, en su condición de tal jefe pero a sabiendas de que muy por encima de eso el Papa es un líder religioso cada una de cuyas intervenciones públicas está enraizada en la doctrina de la iglesia que él conduce y la interpretación que él mismo encarna de esa doctrina. León XIV comparece no ante los católicos españoles, no ante sus fieles, sino ante los españoles en su conjunto. Católicos, protestantes, musulmanes, agnósticos y, por supuesto, ateos. Todos ellos respetan que el Papa crea en lo que cree tal como él está obligado a respetar a quienes, simplemente, no creen. Siendo, como es, un foro político lo que se espera de Robert Prevost no es una homilía sino un discurso. Sobre aquellas cuestiones que a él le parezca oportuno plantear a los representantes de la sociedad española.

Asuntos tiene donde elegir. El gobierno preferiría que no hablara de corrupción, justo ahora. Ni de lo inaceptable que le resulta no ya el aborto, sino que pretenda blindarse en la Constitución Española como un derecho. Sería injusto olvidar que la Cámara a la que hoy se dirige el Papa está tramitando este blindaje. O que fue en este mismo Hemiciclo donde se aprobaron leyes que forman parte del día a día de la sociedad española, como el matrimonio igualitario o como la ley de eutanasia. El Congreso es el foro donde más pasos ha dado la sociedad para alejar la legislación, en derechos y deberes, de la doctrina católica. La presidenta del Congreso, Armengol, le regalará al Pontífice una réplica del incunable Libro de las Horas ---siglo XV---, pero bien podría haberle regalado el diario de sesiones que recoge la votación que aprobó estas leyes, impulsadas por gobiernos de izquierda que discrepan en casi todas las cuestiones morales con el Vaticano y, aun así, hablan del Papa como un referente moral.

Es más probable que León XIV reflexione sobre la inmigración, fenómeno presente en casi todas sus intervenciones y que está en el origen de esta visita a España (a Canarias en España). Sería revelador que las cámaras enfocaran a los diputados del PP si el Papa repudiara, por ejemplo, a quienes satanizar a los menores extranjeros no acompañados y firman compromisos de gobierno que dicen ‘ni un mena más en esta región’. O que condenan a las organizaciones que ayudan a los inmigrantes sin papeles a no recibir un solo euro en subvenciones.

Admitamos que el Papa es celebrado como referente moral por quienes hacen políticas contrarias a lo que él considera moral, justo, humano, decente. Abrazan, e invocan, la moralidad de algunas de sus prédicas y le quitan importancia a otras. Es más, tachan de inmoral lo que él defiende cuando se lo escuchan al adversario político: ¿o no considera inmoral el gobierno progresista negarse a blindar el aborto? ¿O no considera inmoral la oposición conservadora la regularización de inmigrantes que la iglesia apoya? ¿Se puede ser, a la vez, referente de la moralidad y la inmoralidad? Extraña circunstancia. Resultaría, entonces, que León XIV es un líder moral fraccionable: al que le quitan piezas como si fuera un mecano para quedarse sólo con cuarto y mitad de Papa. Porque con el Papa entero y con su doctrina entera, tallada en piedra, la estricta verdad es que no comulga ninguno dado el presidente es que, contrariamente a lo que muchos temen, él sí contempla la posibilidad de dejar de ser presidente algún día.

El presidente del Gobierno ha dado una entrevista a una radio, eso ya es noticia. La radio es musical, Radio Primavera Sound. Y la noticia que allí ha dado el presidente es que, contrariamente a lo que muchos temen, él sí contempla la posibilidad de dejar de ser presidente algún día.

Ahí lo tiene. Quién dijo que Pedro Sánchez aspira a perpetuarse, si a lo que aspira es a ir a más festivales de música. He aquí un hombre esforzado en demostrar que el aluvión de causas judiciales con revelaciones francamente incómodas para él, su gobierno y su partido no le alteran ya lo más mínimo. Hubo una vez en que pensó incluso en dimitir, eso cuenta, pero ahora ya… ahora es que le da igual todo. Hasta Montenegro tuvieron que seguirle los periodistas para poder preguntarle por las andanzas de Leire. Aún no se conocían las anotaciones de la libreta en la que habla de P.S. y sobre eso no pudieron preguntarle. Pero por la operación cloacas sí. Escuchemos cómo un presidente, rodeado de periodistas, se ata para siempre a sí mismo.

El día en que Sánchez se ató. No conoció las andanzas, le asquean, y, de haberlas conocido no las habría tolerado. Afirmar que no las habría tolerado es atribuirse la capacidad de abortarlas. Es decir, que de probarse algún día que sí las conoció habría que concluir que, conociéndolas, las toleró. Y que, al no abortarlas, las indujo. ¿Es posible que Cerdán reciba el audio villarejo sobre las saunas del suegro un 25 de abril y se lo pase a El País, presuntamente, para ser difundido como la prueba de una persecución a Sánchez y su familia sin informar antes al presidente de lo que ha conseguido? Es posible. ¿Es creíble? Eso ya… va en gustos.

El presidente sostiene que nunca supo ni de Leire ni de las cloacas ni de nada. Nada supo de Cerdán y Servinabar. Nada supo de Ábalos y Koldo. Nada supo del descontrol con los sobres y los billetes en su partido. La ignorancia como última defensa. Exponiéndose, claro, a que mañana salga un Santos Cerdán diciendo que él informaba de todo, o salga una Leire diciendo que se reunión con el presidente y le creen un problema aún más gordo que los que ya tiene.

Leire anotó en su libreta reunión P.S. También anotó que estaría bien que un abogado amigo de la causa asumiera la defensa del hermano de P.S. O que cuando Ourgholian se hizo con el control del grupo Prisa el pacto fue que P.S. llevaba la línea editorial y Joseph la gestión de la empresa. Que P.S. puede significar Pedro Sánchez, presidente con hermano necesitado de abogado, ofrece poca duda. Y aún menos la ofrece si Leire tuvo oportunidad de desmentirlo el sábado en La Sexta y no lo hizo. Porque prefiere ver cómo evoluciona la causa. Por si no tenían poco temblor de piernas en Ferraz con Cerdán y con Julio Martínez, ahora el temblor es Leire. Qué pasa si Leire señala al presidente.