opinión

Fanáticos

Con Javier Arias Artacho, profesor y escritor

Luis Méndez

La Ribera |

Javier Arias Artacho

Ratko Mladić fue un comandante militar serbobosnio durante la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995. El Tribunal Penal Internacional lo condenó a cadena perpetua en La Haya por genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad. Entre las perlas que se le atribuyen a Ratko Mladić está el genocidio de Srebrenica en julio de 1995. Mandó asesinar a alrededor de 8.000 hombres y adolescentes. También asedió Sarajevo durante 43 meses, donde murieron alrededor de 1500 niños. Fue internacionalmente conocido como el “carnicero de los Balcanes” porque durante este asedio ordenó a sus francotiradores que dispararan a la población que caminaba por las calles bien para ir a buscar agua, leña o simplemente al mercado. Estos psicópatas se entretenían apuntando a hombres, mujeres y niños. No es una leyenda. Hay filmaciones que lo corroboran. La sentencia que condenó a Mladić recoge un caso en el que un francotirador disparó contra una mujer bosniomusulmana que caminaba por la calle con sus hijos. La bala atravesó el abdomen de la mujer y alcanzó en la cabeza al niño de siete años. El comandante Mladić incluso se atrevió a tomar como rehenes a cascos azules de la ONU en 1995.

El “carnicero de los Balcanes” murió el pasado 27 de agosto mientras cumplía cadena perpetua en La Haya. Algo natural y quizás esperable porque tenía 83 años. Sin embargo, lo que sorprendió al mundo es su funeral en Belgrado. Serbia dispuso un avión gubernamental para trasladar su cadáver y fue recibido con honores militares entre una multitudinaria procesión de fieles. El ataúd iba cubierto con banderas serbias y recibió un funeral ortodoxo presidido por el patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Serbia. Fue un acto de fanatismo nacionalista comparable a la indignación que provocó en todas las personas que lo sufrieron o lo conocieron.

Evidentemente, no se trata de un hecho aislado. La historia de la humanidad ha exaltado a seres miserables y abyectos, y lo seguirá haciendo. Cuando el fanatismo y la ideología encienden los corazones es muy difícil ver o comprender lo que admiran unos ojos inyectados por pasiones que no son analizadas por la razón. Y este punto es el que me resulta destacable para mi reflexión de hoy: la fuerza del fanatismo que es capaz de proyectarse en diferentes órdenes de la vida y de la política actual.

El grave ejemplo de Ratko Mladić no es comparable con actitudes que podemos observar en una parte de la sociedad española actual, por supuesto que no. Sin embargo, en su esencia sí. Existen esos fanáticos que son capaces de justificarlo todo, de olvidarlo todo y de ignorarlo todo con el único afán de defender unas siglas o unas ideas. No importa lo que sea verdad porque la justicia también es cuestionada. El líder es intocable. Es un soberano a quien pueden sustentar con la célebre frase de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”.

Gran parte de la ciudanía de este país se pregunta qué más se tiene que saber para que el fanatismo ceda. ¿Ni siquiera que una jueza haya sido amenazada por unas cloacas organizadas por un gobierno son suficientes para resquebrajar la voluntad de los incondicionales? Al fin y al cabo, si lo observamos a la distancia, es solo una mancha más para el tigre. Nada que pueda inquietar a un fanático que, más allá de sus buenas intenciones y de su ideología, ve en el líder supremo al mejor presidente de la historia. Y si no, que se lo digan a Tezanos.

www.javierariasartacho.es