MISTERIOS DE MÁS

Misterios de Más recorre la historia de la ouija y recupera dos relatos vinculados a Cuenca

Miguel Ángel Linares y Sheila Gutiérrez repasan los antecedentes de los tableros espiritistas y rescatan dos testimonios locales relacionados con una supuesta aparición junto al Parador y con fenómenos atribuidos al actual Museo de las Ciencias

Onda Cero Cuenca

Cuenca |

Misterios de Más - Miguel Ángel Linares y Sheila Gutiérrez

La última entrega de Misterios de Más se ha adentrado en la historia de la ouija, entendida como uno de los métodos más populares asociados al espiritismo y al supuesto contacto con los muertos. Miguel Ángel Linares y Sheila Gutiérrez recuerdan que el deseo de comunicarse con los fallecidos aparece en numerosas culturas a través de prácticas como la necromancia, los oráculos o las ofrendas a los ancestros. La sección aborda la ouija desde su dimensión histórica y cultural, dejando para futuros programas el análisis científico y psicológico de fenómenos como el movimiento involuntario del tablero.

El primer relato recuperado procede de antiguos miembros de la asociación SICAR. Durante una sesión de ouija, los participantes aseguran que una supuesta entidad que se identificó como “el Diablo” les indicó un punto situado por encima del Parador de Cuenca. Un grupo de unas doce personas acudió de madrugada y algunos afirmaron distinguir una figura en las rocas. El propio José María García, participante en aquella experiencia, reconoce que él no vio nada y mantiene una posición escéptica, mientras que los colaboradores recuerdan que juegos de luces y sombras pueden producir pareidolias capaces de sugerir rostros o figuras.

El segundo caso se sitúa en el edificio que hoy alberga el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha. La sección recoge testimonios transmitidos sobre pasos, cambios de temperatura y objetos supuestamente desplazados durante los años en que el inmueble estuvo ocupado por artistas y posteriormente durante su remodelación. Según el relato, una sesión de ouija realizada allí habría atribuido esos sucesos a un supuesto “alquimista árabe”. Los propios colaboradores presentan estas historias como testimonios y leyendas del imaginario paranormal conquense, sin aportar pruebas que permitan acreditar que los fenómenos descritos tuvieran un origen sobrenatural.