Por Román Pérez González
En el mito de la antigüedad clásica Zeus condena por su arrogancia al rey Sísifo y el castigo es tratar de subir una cuesta con una piedra gigante que vuelve a rodar ladera abajo cada vez obligándolo a que haga esto eternamente. Los partidos de la UD son la piedra y la ladera es la competición.
Los jugadores son Sísifo y Luis García está siendo Zeus. Ramírez es el que puso a Zeus, lo cual es, simplemente, flipante. Sísifo quiere salir del inframundo de la Liga Hypertensiones así que todo cuadra. Y luego, como un extra, en esta adaptación, está el resto, nosotros, el público.
Repartidos los papeles; ahora vamos a tratar de hacernos el menor daño posible: Las Palmas ganó, el resultado es lo esencial a estas alturas, el camino en que Zeus quiere subir la montaña después de 36 intentos -jornadas- ya no es sorpresa para nadie, pero ya no se puede disgregar ese camino con el pensamiento de las posibles batallas que están por venir ante los equipos que también están peleando en la cuesta.
Es muy difícil aislarse de las cábalas en este punto del camino, sobre todo porque esos partidos casi siempre este año han salido regular o mal. Sísifo -los jugadores- también pensaba que esta vez era la buena, que claro que sí, que por qué no, pero siempre acaba teniendo que volver a empezar, cada jornada, 42 peldaños y así van pasando los meses, los años, los lustros, las décadas, la vida para los aficionados y da igual la cara, el acento, la idea que tenga el Zeus de turno, la sintonía de fondo del público se repite, machacona, panparahoy, panparahoy grita la gente viendo la forma de subir la cuesta, el andar de chucho, digamos, y bien, claro, sin ese pan que se desprecia con el cántico no habría nada que hacer, es fundamental, el trabajo era ganar y se consiguió porque el esfuerzo a estas alturas ya es grande, pero quién sabe qué comeremos mañana -en un mes y medio- con esta forma de hacer el arroz.
