Se cumplen cuatro años desde que comenzara oficialmente la invasión de Rusia a Ucrania. En la madrugada del 23 al 24 de febrero de 2022, una serie de bombardeos sorprendía a la población ucraniana, las tropas rusas se situaban a menos de 20 kilómetros de Kiev. Desde entonces, entre muertos, heridos y desaparecidos, Rusia ha sufrido en torno a un 1,2 millón de bajas y Ucrania ha registrado unas 600.000 bajas en un frente de 1.250 kilómetros. Tras estos cuatro años, en Aragón continúan refugiados 6.667 ucranianos (1.225 en Teruel, 1.630 en Huesca y 3.812 en Zaragoza) según el INE.
Desde Accem en Aragón se gestionó el acogimiento a muchos de los ucranianos que huían de esa situación de guerra. En total, en este tiempo, se ha atendido a 1.035 personas de 513 unidades familiares, la mayoría, casi un 62% mujeres, la mayoría, de entre 35 y 49 años. Cuatro años después, continúan llegando refugiados ucranianos a la comunidad aragonesa.
Leila Dashayeva es ucraniana, de una localidad situada a 50 kilómetros de Kiev. Ella llegó a España en 2013, meses antes de que comenzara la primera guerra en su país de origen, la del Donbass. En 2016 llegó a Aragón y seis años después formó parte del programa Emergencia Ucrania de Accem en Zaragoza ayudando a todos sus compatriotas que llegaban huyendo de la guerra que inició Rusia. “Tuve la posibilidad de ver ya tener a las personas desplazadas y escuchar sus historias, lo que ellos sentían. Estaba muy preocupada por ellos, por mi familia, por lo que sentían todos lo que llegaban. La preocupación, la frustración por lo que está pasando en su país”, recuerda Leila.
Fueron momentos de incertidumbre ya que quienes llegaban se enfrentaban a un nuevo país con otro idioma, “es una situación bastante difícil de vivir, antes de llegar a España, mucha gente pasó por otros países con la esperanza de que la guerra acabara pronto y no se alargara tantos años”, asegura Dashayeva, quien añade que “todos querían volver a su país, a su casa, pero estaban tan perdidos que no sabían qué hacer. Algunos incluso se sienten culpables de no poder ayudar a su país, de no poder hacer nada”.
Hace un par de años, Leila Dashayeva volvió a Ucrania durante un tiempo, ahí fue testigo de cómo la guerra había hecho mella. “Tenía mucho miedo al entrar al país. Lo que encontré es lo que había visto en las imágenes, pero lo he visto en realidad. He visto cómo ha sufrido mi familia, cómo ha sufrido la población. La gente está desesperada y estando ahí pasé mucho miedo”, recuerda Leila quien tiene en la mente todavía el sonido de las sirenas que se oyen cuando hay riesgo de peligro y que avisan de la importancia de acudir a los refugios para protegerse.
A pesar de que han pasado cuatro años, Leila está convencida que los ucranianos tienen la esperanza de que esta guerra termine pronto porque “hay mucha gente que está sufriendo, se queda sin familia, prácticamente sin nada”. Pero aun así, “estamos preocupados, pero tenemos esperanza”.
