El 1 de mayo nacía en Petilla de Aragón quien se convertiría en Premio Nobel de Medicina en 1906. Su padre era médico cirujano lo que hizo que viviera en muchas localidades aragonesas: Larrés, de donde procedían sus padres, Luna, Valpalmas y Ayerbe. Santiago Ramón y Cajal era curioso, lo que le llevó a interesarse por funcionamiento del sistema nervioso.
Cerca de Larrés, en Sabiñánigo, nacía décadas después otro gran científico e investigador aragonés como es el profesor Carlos López Otín, a quien la Universidad de Zaragoza ha reconocido con el I Premio Medalla de Oro Cajal. Un reconocimiento con “una dimensión infinita” para López Otín, quien llama a “Don Santiago” el “Titán de Larrés porque su trabajo su trabajo fue tan espectacular, pero al mismo tiempo tan profundo, tan bello, tan armónico y con una mirada hacia el futuro. Hoy sigue siendo de los pocos científicos por los que el paso del tiempo no ha comprometido su trabajo y, es más, lo ha engrandecido”, ha asegurado.
Para Carlos López Otín, Santiago Ramón y Cajal “es el último científico que se ganó el derecho a hablar en singular”. Hoy en día los avances científicos son fruto de un trabajo colectivo que ha ido evolucionando, de hecho, “ahora es esencial y cualquiera que hable en singular ahora es arrogante y egoísta. En el pasado no había otra opción y él lo entendió muy bien, incluso se financió sus propios estudios. Él se encerraba con su microscopio y trataba de encontrar un nuevo mundo”.
“A mis estudiantes siempre les digo que aprovechen el potencial que tienen en sus cabezas, cabe el universo entero”, explica Carlos López Otín al hablar del futuro y mientras recuerda cuando llegó a Zaragoza en el Canfranero para empezar a estudiar en la Universidad de Zaragoza y como hubo profesores como Horacio Marco o Margarita Salas que “me enseñaron que había que mirar lejos”. Son decisiones que cambian la vida, asegura. En esta fase final de su carrera académica y científica, López Otín afirma que “lo que más he aprendido es que la educación es la clave final y definitiva, es lo que nos puede ayudar a mejorar a nosotros y a otros que están peor que nosotros en otros países, en otros lugares, con grandes desequilibrios, y en los que todavía tienen por resolver necesidades sociales básicas. Educar es la palabra clave para mí, la palabra que abre el cofre del tesoro”.
Día Cajal de la Universidad de Zaragoza
La Universidad de Zaragoza ha querido reconocer la figura de Santiago Ramón y Cajal, como ha hecho en numerosas ocasiones, con el Día de Cajal. Con la presentación de los resultados de la Ayuda Cajal 2022 concedido a Maialen Sebastián de la Cruz con el trabajo “La memoria del ARN: un nexo entre infecciones virales y autoinmunidad”. Además, se realizará la donación de seis facsímiles de láminas originales diseñadas por Ramón y Cajal en 1900 y que han sido entregadas por Pedro Ramón y Cajal Agüeras y que pasarán a formar parte del Espacio Cajal de la Universidad.
En esta jornada, el profesor y director fundador del Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación, Mateo Valero, ha impartido la VII Lección Cajal con el título “Supercomputación, inteligencia artificial, chips y autonomía europea” y la jornada ha terminado con la entrega del I Premio Medalla de Oro Cajal al profesor Carlos López Otín “en reconocimiento a su extraordinaria trayectoria investigadora y su impacto internacional en el ámbito de la biomedicina”.
