Los grandes museos del mundo están repletos de obras de arte y de elementos arquitectónicos, pictóricos y escultóricos que han llegado a ellos de diferentes formas, algunas de ellas poco lícitas. Obras que están descontextualizadas a miles de kilómetros de su lugar de origen, “cada pieza tiene una historia única y nos falta conocer porque hay algunas que fueron secuestradas de su país de origen”. Es una de las motivaciones que llevaron a Catharine Titi y Katia Fach Gómez, a escribir “Arte Secuestrado”.
Una publicación en la que hablan de ejemplos concretos como los mármoles del Partenón, el Penacho de Moctezuma, el busto de Nefertiti o los bronces de Benín. “Parte de estos casos están ambientados en el siglo XIX, cuando países europeos eran grandes imperios, aspiraban a ampliar sus territorios en colonias y cuando esos europeos llegaban, por ejemplo, a África, una forma adicional de sometimiento era llevarse las piezas que encontraban en esos países. Para ellos eran objetos exóticos, pero para los pobladores de esos territorios africanos eran símbolos religiosos e identitarios muy relevantes”, explica Katia Fach. Objetos que están ahora en vitrinas o en cajas de grandes museos y están descontextualizados, perdiendo su simbolismo original.
Hay museos que indican en sus páginas webs que tan sólo exhiben el 1% del fondo que tienen, esto indica que el 99% de las piezas está en sótanos y tan sólo pueden acceder a ellas investigadores que muestran “un interés específico”. Aún así, hay casos de particulares que entienden que esas piezas que han llegado a sus manos deberían estar en otro lugar y tienen dueños legítimos.
Katia indica cómo en el libro se cuenta el caso de un señor en Reino Unido que tenía una pieza que utilizaba para calzar una de las puertas de su casa, pero llegó un momento en el que fue consciente que esa pieza era una escultura espectacular y con gran valor en Nigeria. Tras una reflexión, organizó un viaje al país africano y devolvió la pieza. “Fue recibido con todos los honores y realizaron una ceremonia preciosa!, cuenta Fach. “Hay mucho activismo y cada vez hay más gente concienciada de arte secuestrado”.
