A través de una nota de prensa emitida hoy, 8 de octubre de 2026, la organización agraria ha denunciado la persistencia de problemas de suministro e interrupciones del servicio durante varios días a la semana en distintas zonas, lo que genera una profunda incertidumbre en el sector.
Desde COAG Almería señalan que este escenario responde a un déficit estructural de recursos alternativos y no solo a la falta de lluvias. Esta carencia frena la recuperación de las masas de agua subterránea, sometidas a un deterioro continuo desde hace años. Ante la falta de agilidad en la puesta en marcha de nuevas infraestructuras, los agricultores se ven obligados a elegir entre usar agua de peor calidad —con un alto riesgo agronómico— o reducir el riego, comprometiendo directamente el volumen de la producción.
Para abordar esta problemática, la organización exige:
• Un calendario urgente que acelere las inversiones en desalación y reutilización de agua, superando las trabas y dilaciones burocráticas.
• La finalización inmediata de las actuaciones pendientes para ampliar y mejorar la capacidad de desalación de la provincia, cuyos nuevos recursos aún no han llegado al regadío.
Con el objetivo de analizar y debatir de forma conjunta este y otros retos del sector, COAG Almería celebrará unas jornadas de debate el próximo 15 de octubre, donde la crisis del agua y las soluciones de urgencia centrarán el foco de la mesa de trabajo.
Para COAG Almería, la situación trasciende las circunstancias meteorológicas y responde a un déficit estructural de recursos alternativos que permitan reducir la presión sobre unas masas de agua subterránea sometidas desde hace años a un proceso de deterioro. “Seguimos dependiendo de unos acuíferos que tenemos que recuperar, pero no estamos poniendo a disposición de los regantes, con la rapidez necesaria, los recursos alternativos que deberían permitir esa recuperación”, señala la organización. El deterioro de la calidad de las aguas subterráneas incrementa, además, la dependencia de recursos desalados y regenerados y coloca al agricultor ante una disyuntiva que condiciona directamente su actividad: utilizar agua de peor calidad, con el consiguiente riesgo agronómico, o reducir el riego y comprometer la producción.

