Hugo González de Oliveira vuelve a sonreír. Apenas unas horas después de colgarse la medalla de plata en los 200 estilos del Campeonato de Europa, el nadador español reconoce ante Raúl Granado que el resultado tiene un valor especial. No solo por el nivel de la competición, sino por el camino recorrido durante el último año.
El propio González admite que necesitaba tiempo para asimilar lo ocurrido. Después de una temporada complicada, en la que España no consiguió clasificarse para el Mundial y él tuvo que afrontar importantes cambios personales y deportivos, volver a pelear con los mejores supone mucho más que subir al podio.
"Para mí significa como un oro", reconoce el nadador, que ya piensa en las dos próximas temporadas y en el gran objetivo del ciclo olímpico: Los Ángeles 2028.
Un año de cambios antes de recuperar su mejor versión
El regreso de González a España después de cinco años entrenando en California supuso una transformación profunda. No solo cambió de país: también de cultura, programa de entrenamiento, técnicos y compañeros. Además, su familia permaneció en Barcelona mientras él afrontaba la adaptación en Madrid.
El nadador considera que aquella temporada de transición fue necesaria. Ahora, con el respaldo de su club y una relación positiva con su nuevo entrenador, Raúl Navalón, siente que los resultados comienzan a acompañar.
La comparación entre el modelo estadounidense y el español también aparece durante la conversación. González destaca que en Estados Unidos los entrenamientos están muy estructurados y desarrollados, mientras que en España encuentra una vida fuera de la piscina "más agradable, más tranquila, más llevadera".
A sus 27 años, cree que regresar era el paso adecuado después de la experiencia acumulada en Estados Unidos.
La plata europea que sabe a oro
El Europeo ha servido para comprobar que el cambio está funcionando. González explica que algunas de sus carreras en la competición han tenido un nivel de exigencia incluso superior al de la final olímpica.
En ese contexto, la plata de los 200 estilos adquiere un significado especial. El español considera que volver a competir al máximo nivel después de las dificultades del curso anterior demuestra que vuelve a estar en disposición de luchar con los mejores.
El siguiente paso será mantener esa progresión. Para ello, pretende aprovechar un calendario de competición más intenso que el que tenía en Estados Unidos y trabajar especialmente aquellos estilos en los que todavía tiene margen de mejora.
Su objetivo es ambicioso: ser competitivo en los cuatro estilos. González considera que la mayoría de los nadadores suelen destacar en uno o dos, por lo que conseguir un nivel elevado en todos supondría una ventaja importante.
La tecnología también entra en la piscina
La conversación con Raúl Granado aborda también el creciente peso de la tecnología y la inteligencia artificial en el deporte. González reconoce que todavía no utiliza herramientas de inteligencia artificial en su preparación en Terrassa, pero considera que la evolución tecnológica terminará teniendo un papel importante.
En natación, explica, cada ciclo olímpico trae nuevos métodos y avances que permiten mejorar las marcas. Y hay una dificultad añadida frente a otros deportes: medir con precisión lo que sucede dentro del agua.
En su propia prueba se combinan cuatro estilos y diferentes virajes, además del trabajo subacuático. Por eso considera que todavía existe mucho margen para analizar y perfeccionar la técnica.
González se muestra convencido de que los récords mundiales continuarán cayendo y que esa evolución supone también una oportunidad para los nadadores que sepan aprovechar las nuevas herramientas.
Dos años para volver a soñar en grande
Con Los Ángeles en el horizonte, el nadador español no se marca un límite concreto. Prefiere pensar que todavía está lejos y que las dos próximas temporadas pueden ser especialmente importantes.
"Quiero pensar que el límite está lejos y que tenemos dos temporadas mágicas", afirma.
La idea es llegar a los Juegos con una progresión sostenida, aprovechando cada competición para corregir sus puntos débiles y aumentar su velocidad. El Europeo le ha demostrado que el nivel está ahí; ahora toca consolidarlo.
Optimismo con la nueva generación de la natación española
González también observa con esperanza el futuro de la natación española. El hecho de que España haya conseguido llevar todos sus relevos a un Campeonato de Europa es, para él, una señal clara de que la base está creciendo.
Además, destaca la aparición de nuevos talentos procedentes de las categorías inferiores y considera especialmente significativo que en los relevos haya nadadores capaces de competir a nivel mundial.
Eso sí, pide cautela. Para González, alcanzar finales y luchar por medallas son escalones diferentes. Por eso apuesta por mantener el optimismo, pero "con los pies en el suelo", sin cargar de presión a los jóvenes.
La esperanza, sostiene, puede terminar convirtiéndose en realidad si la evolución continúa.
Unas vacaciones antes de volver al agua
Después del Europeo llega por fin un pequeño descanso, aunque será breve. El Mundial de piscina corta aparece ya en el calendario, por lo que el nadador tendrá apenas una o dos semanas para desconectar.
Esta vez, asegura, buscará alejarse de la piscina y del entrenamiento. La playa aparece como el escenario perfecto: seguir cerca del agua, pero sin la exigencia mental de la competición.
Después tocará volver a trabajar. El objetivo ya está claro: aprovechar los dos próximos años para transformar esta plata europea, que para él sabe a oro, en el punto de partida de algo todavía mayor.
