El partido ante Austria se presentaba como un examen de madurez para una selección española que se clasificó con dudas a la fase eliminatoria mundialista. Lejos de temblar, el equipo de Luis de la Fuente respondió con una de sus versiones más convincentes: presión alta, creatividad por las bandas y un punto de agresividad en el área; que aunque sí se vio contra Arabí Saudí despareció en el último duelo ante Uruguay.
Lamine Yamal encendió la chispa, Oyarzabal puso la pólvora y un sólido centro del campo empujó al grupo hasta los octavos de final.
El arranque: la chispa de Lamine
La primera ocasión del partido llevó la firma del futbolista destinado a marcar una era con la camiseta de España: Lamine Yamal. Tras un robo de balón en campo rival, el extremo combinó con Álex Baena y juntos generaron el primer disparo a puerta para la Roja, marcando desde el inicio el guion del encuentro: agresividad tras pérdida y verticalidad inmediata. Esa dupla, Yamal y Baena, fue el oxígeno ofensivo del combinado en los primeros compases, ofreciendo apoyos, rompiendo líneas y obligando a Austria a replegarse con rapidez.
Pese al empuje español, el cuadro austríaco se mostró sólido, compacto, sin dejar huecos ni permitir que la selección encontrara caminos limpios por las bandas. España tuvo que recurrir a su paciencia característica, madurando las posesiones, moviendo el balón de lado a lado hasta encontrar el momento exacto para acelerar.
Una primera parte de dominio total
El equipo de Luis de la Fuente firmó un primer tiempo muy positivo, con varias ocasiones claras y un sistema ofensivo muy creativo en el que Lamine Yamal brilló con varias internadas que desarbolaron la estructura rival. En las botas del de Rocafonda estuvo una de las oportunidades más claras: un gran centro desde la esquina que terminó en un remate a bocajarro de Marc Cucurella.
El tanto, que apuntaba a ser uno de los momentos del encuentro, fue anulado por una falta de Pau Cubarsí sobre el guardameta austríaco Alexander Schlager, frustrando el que habría sido el primer gran golpe psicológico de España. Lejos de venirse abajo, la selección siguió insistiendo. Pedri, fiel a su rol, consiguió dividir con su conducción entre líneas y dejó al nuevo lateral del Real Madrid en posición de ventaja para colocar un pase raso perfecto hacia Mikel Oyarzabal, que remató a placer. Ese gol supuso el tercer tanto del ariete txuri-urdin en el torneo y confirmó su estatus de líder ofensivo del equipo.
El extremo del Atlético de Madrid, Alex Baena, también muy activo, pudo doblar la ventaja antes del descanso con un libre directo bien ejecutado que el guardameta despejó con una estirada, manteniendo a Austria con vida al término de los primeros 45 minutos.
Una segunda parte donde la Roja no levantó el pie del acelerador
Cuando el partido pedía un nuevo golpe para cerrar la eliminatoria, España lo encontró de nuevo por banda. El combinado español no cesaba de intentarlo por los costados, y fue Álex Baena quien puso un centro perfecto desde la derecha que Pedro Porro, llegando solo al área pequeña, remató de cabeza para doblar la ventaja española.
El gol de Porro no fue uno cualquiera: se convirtió en el primer tanto de cabeza de un defensa de España en un partido de Mundial desde 2010, cuando Carles Puyol marcó el mítico 1-0 ante Alemania en las semifinales de Sudáfrica. Esa conexión entre pasado glorioso y presente ilusionante añade una capa simbólica a un tanto que, además, fue clave para desarmar definitivamente la resistencia austríaca.
Parecía que España ya estaba cómoda, que el 2-0 le bastaba para sellar por fin su primer triunfo en un partido eliminatorio desde Sudáfrica. Pero la ambición se impuso a la gestión conservadora del resultado. Marc Cucurella, hiperactivo por su banda, firmó un encuentro mayúsculo y lo coronó con su segunda asistencia del día: un pase tremendo, al espacio, que dejó solo a Oyarzabal para que batiera de nuevo a Schlager.
La eficacia de Mikel Oyarzabal volvió a materializarse en ese segundo tiempo. El delantero natural de Eibar acumula ya17 goles en sus 16 partidos como titular con la selección, una cifra que habla de su fiabilidad y de su relación casi automática con el gol. Ya supera a Diego Costa y Morata como el delantero español con más goles en una misma edición; y se queda a tan solo un tanto de los cuatro goles de David Villa.
Además es el primer jugador de España que anota dos o más goles en dos partidos diferentes de una misma edición del Mundial.
Su lectura de los espacios y su capacidad para aparecer en el momento justo dentro del área le han convertido en el jugador que canaliza el trabajo creativo de extremos como Yamal, Baena y compañía. Cada balón que le llega cerca del área parece una amenaza real para el rival, y ante Austria volvió a demostrar que está en estado de gracia.
Unai Simón, imbatible y en territorio de leyenda
Mientras la delantera hacía su trabajo, bajo los palos Unai Simón volvió a vivir una noche casi perfecta. El portero del Athletic prolongó su racha de imbatibilidad en el Mundial hasta alcanzar y superar el récord de Iker Casillas como guardameta español con más minutos seguidos sin encajar gol en la competición: Casillas lo dejó en 476, mientras que Simón ya ha pulverizado esa marca y apunta aún más alto.
El récord absoluto de la competición lo poseía Walter Zenga con Italia (517 minutos), una cifra a la que el guardameta español se acercó primero hasta estar a 89 minutos de superarla… y que ya ha dejado atrás. La serenidad en el juego aéreo, su seguridad en los disparos lejanos y su buen manejo con los pies han convertido esta racha en algo más que un dato: es el símbolo de una España que ha reencontrado la solidez defensiva como base de sus aspiraciones.
Mirando al futuro: Croacia o Portugal
Con la goleada a Austria, España se asegura su presencia en octavos y deberá esperar ahora el resultado del cruce entre Croacia y Portugal para conocer a su próximo rival. Sea cual sea el contrincante, la Selección llega a la siguiente ronda reforzada por un triunfo que mezcla todos los ingredientes que un equipo candidato al título necesita: jerarquía atrás, creatividad por dentro y por fuera, y un delantero que convierte cada oportunidad en oro.
La Roja ha roto por fin la barrera psicológica que suponían las eliminatorias mundialistas. Con Lamine Yamal como emblema del nuevo fútbol español, Oyarzabal como ariete implacable y Unai Simón escribiendo su nombre junto al de Casillas en los libros de récords.
Con todo esto, España, tiene motivos más que suficientes para creer que este Mundial 2026 puede ser algo más que un buen recuerdo.

