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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "La ausencia de Iglesias demuestra que tiene poco que aportar al desenlace catalán"

Pablo, manifiéstate, Pablo. Hazte presente, Pablo.

Tus críticos, tus adversarios, tus odiadores, tus competidores te necesitan, Pablo.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 11/01/2018 a las 08:08 horas

Tus compañeros de partido, quizá no. Y tus votantes debes de pensar tú que tampoco. Pero esta ausencia tuya tan prolongada, tantos días sin ponerte delante de un micrófono, tantos sin ofrecer una rueda de prensa, sin aparecerte ni siquiera en un plasma, genera síndrome de abstinencia entre quienes aguardan tu análisis preciso, tu visión preclara, del magro resultado de los colaus en Cataluña y de la investidura fantasma que ahora pretende el prófugo. Se te añora, Pablo Iglesias. Suspiran por ti los columnistas. Se preguntan dónde te has metido, qué ha pasado contigo, por qué estás como ausente, Pablo, o ausente del todo, desaparecido, se dice.

Y ahora nos preguntamos también si es que acaso te ha secuestrado algún pariente, si es que no has conseguido aún escapar de la cena de Nochebuena a la que te prestaste ingenuamente y que resultó ser la cena interminable. Mira, Pablo, la inquietud general que ha causado esta declaración de ayer de Irene Montero.

Las cenas y las comidas de Navidad terminaron hace nueve días. El día de Reyes cayó en sábado, como bien sabe el director general de Tráfico. Y la ausencia mediática de Pablo Iglesias sólo está demostrando dos cosas: que tiene poco que aportar al desenlace, hoy, del embrollo catalán y que, a diferencia de lo que ocurría hace dos años, son sus silencios, y no sus palabras, lo que hoy encuentra verdadero eco.

Mal asunto para Podemos que Echenique achaque su flojo resultado en Cataluña a que el mensaje no ha llegado a los votantes porque le hemos hecho poco caso los medios.

Hombre, Pablo II: no parece inteligente presuponer que tu discurso es tan bueno y tan necesario que la única explicación de que la gente —la gente, el pueblo, la ciudadanía— no te lo compre es que no se ha enterado de que existe. Más razonable es, y más de estos tiempos, admitir que a pesar de que todo el mundo conoce las propuestas de todos los partidos, hay unos que han convencido más que otros. Ciudadanos ha ganado las elecciones y el PP ha quedado el último. También el PP, por cierto, achacó al trato de favor de los medios que Arrimadas subiera once escaños y Albiol se quedara en cuatro. En esto Echenique ha salido genovés.

El concepto político del día se lo debemos al catedrático de Derecho Constitucional de Barcelona, Xavier Arbós. Que le ha dicho a El Independiente que, a este paso, en lugar de investidura telemática acabaremos hablando de investidura telepática. Bienvenido sea el humor, y la ironía, para combatir la burla.

Ya que Junts per Cataluña se ha propuesto reírse del personal invistiendo presidente a un señor que se fue a vivir a Bélgica, que lleven, por favor, su disparate al extremo. Que el señor Puigdemont haga su discurso en la cafetería del apartahotel donde se aloja, que le den réplica los clientes que pasen por allí, que voten su investidura los diputados en el twitter y rubrique su nombramiento el rey de los belgas. Total, también se llama Felipe, como el nuestro.

Una vez que pierdes el pudor y confirmas que todo te da lo mismo, hombre, no te quedes a medio camino. ¿Qué necesidad hay de que un diputado lea en el Parlamento el discurso que le ha escrito Puigdemont? Que mande él unos mensajes de voz por guasap y que los transmitan en el hemiciclo por megafonía. Si ya has dejado claro que el reglamento te resbala, que el Estatut te importa un pito y residir en Cataluña no te parece necesario, adelante con los faroles. Dile a Marta Rovira que eres tú o el caos y prepárate para el caos. Ya has anulado al rey Artur, Artur Mas, ya has ninguneado al preso de Estremera, Junqueras, que se atreva Esquerra Republicana a poner en duda tu coronación como presidente en Flandes.

Los letrados del Parlament, que son profesionales que aún se toman en serio su trabajo, van a emitir un informe en el que, salvo sorpresa, dirán lo que todo el mundo sabe: que el Parlamento tiene una sede, una ubicación física, precisamente porque se trata de que estén allí los diputados, representando a la sociedad catalana, para proponer, debatir y votar lo que consideren oportuno. Y que siendo eso así desde el inicio de los usos parlamentarios, es comprensible que el reglamento no especifique que los debates y las investiduras deban hacerse con los diputados presentes (incluyendo el que aspira al cargo) porque, oiga, se da por supuesto. Tampoco especifica el reglamento que los diputados tengan que ser seres humanos y a nadie se le ocurre pensar que eso autorice a investir como presidente a una cabra.

En un ejercicio de pluralidad encomiable, el PSOE estrenó su comisión parlamentaria sobre la España federal llevando a tres padres de la Constitución que no ven ninguna necesidad de reformarla ni de federalizar España.

Perez Llorca, Herrero de Miñón, Miquel Roca. Ninguno de los tres simpatiza con la idea de que se cambie la Constitución para cambiar el modelo autonómico. Y tampoco ve Perez Llorca que ese cambio fuera a neutralizar el avance del independentismo.

Quedan muchos comparecientes por delante y ya llegarán los que defiendan la propuesta del PSOE: la reforma constitucional como antídoto contra eso que da en llamar el inmovilismo.

En la otra comisión parlamentaria que trabaja este mes —la de la investigación de las cajas de ahorro— Pedro Solbes se desquitó de su antiguo jefe, Zapatero. No llegó a cargar las tintas como Rodrigo Rato pero sí puso el acento en el poco caso que el presidente, y el resto del mundo, le hacía.