La conservación de las semillas es una cuestión estratégica para garantizar el futuro de la alimentación. Así lo defiende Luis Guasch, director del Centro de Recursos Fitogenéticos y Agricultura Sostenible del CSIC y responsable del depósito español en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, quien subraya la importancia de proteger un patrimonio genético "irrecuperable" frente a posibles guerras, desastres naturales o los efectos del cambio climático.
Guasch explica que la instalación situada en el archipiélago noruego de Svalbard funciona como una copia de seguridad de los bancos de germoplasma repartidos por todo el mundo. "En caso de que haya un gran problema, es una copia de seguridad adicional a la que tienen los bancos nacionales y los bancos internacionales en sus propias instalaciones", señala.
El investigador recuerda que detrás de la conocida como "bóveda del fin del mundo" existe una amplia red internacional de conservación. Solo en España, explica, participan más de 37 bancos de semillas en esta iniciativa, un trabajo colectivo que califica como "la parte sumergida del iceberg".
En la actualidad, la bóveda alberga más de 1,3 millones de muestras procedentes de más de 130 países. Construida en el permafrost ártico, mantiene las semillas a -18 grados para garantizar su conservación durante el mayor tiempo posible. "Las semillas tienen que estar secas y a baja temperatura", explica Guasch. En el caso de las españolas, se almacenan en sobres de aluminio especiales, sellados al vacío y protegidos en cajas precintadas para asegurar su viabilidad durante décadas.
La utilidad de este banco mundial ya ha quedado demostrada. Guasch recuerda el caso del centro internacional de conservación de Alepo (Siria), destruido durante la guerra. Gracias a las copias almacenadas en Svalbard es posible recuperar gran parte de la colección y reconstruirla posteriormente en Marruecos y Líbano.
El investigador insiste en que el verdadero valor de estas semillas reside en el trabajo acumulado durante generaciones de agricultores. "La selección que han hecho nuestros agricultores durante cientos de años no es fácil repetirla, por no decir imposible. Lo importante es que no se pierda, porque lo que se pierde está perdido para siempre", afirma.
Nos satisface que se reconozca un tema de cooperación relacionado con la agricultura
Guasch también se refiere al reciente Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional concedido a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Reconoce que el galardón se recibe con sorpresa y satisfacción, especialmente por poner el foco en la agricultura como herramienta de cooperación internacional.
"Nos satisface que se reconozca un tema de cooperación relacionado con la agricultura. España tiene una magnífica biodiversidad y trabajamos para que las semillas que conservamos sean útiles no solo para nosotros, sino para cualquier persona. Es un reto global para afrontar los desafíos que el futuro nos depara", destaca.
