El orden mundial se reconfigura. Estados Unidos, tradicional aliado de Europa, prefiere acercarse al enemigo histórico, a Vladimir Putin y dejar al viejo continente que se las apañe solo con el oso ruso, que acecha las fronteras europeas. Incluso aunque Trump siga compartiendo con Europa el foro de la OTAN.
O precisamente por eso. Por que el presidente norteamericano viene con la idea de que el compromiso histórico de su país con la defensa es infinitamente mayor que el europeo. Los 27 y su proyecto de espacio común están quedando relegados a un papel secundario en el escenario mundial.
Pero no sólo por la llegada de Trump al poder. Hace ya mucho tiempo que la política errática y poco definida de Bruselas ha contribuido a este ninguneo.

