TERRITORIO NEGRO

Las sextorsiones ya son la modalidad criminal que más crece

Manu Marlasca y Luis Rendueles han comenzado esta semana en Más de uno hablando de las sextorsiones, que son la modalidad criminal que más crece.

ondacero.es

Madrid |

Los investigadores del Grupo de Secuestros y Extorsiones de la Policía Nacional, que son la unidad de élite que se encarga de estos delitos nos cuentan que este tipo de estafas, las sextorsiones, ya son la modalidad criminal que más crece, con miles de víctimas en España solo el año pasado.

Es un tipo de estafa que para los malos tiene la ventaja de que es a distancia: no tienen que ver a la víctima, ni tocarla, ni tener que usar armas, al menos armas de verdad.

La sextorsión que más éxito tiene en España es la que llaman el chantaje del falso sicario, que funciona de la siguiente manera: todo empieza con un españolito trasteando por redes sociales, por internet. Buscando páginas más o menos eróticas, más o menos sexuales. Y llegan a un tipo de webs en las que chicas con poca ropa (según puede verse en las fotos que publican) ofrecen la posibilidad de conocerlas.

Las mujeres (o supuestas mujeres) se ofrecen para quedar y lo que surja. Lo que aparece ahí es un número de teléfono para que ese hombre que entra buscando compañía les envíe un mensaje de Whatsapp o directamente les llame. El problema es que algunas de estas páginas que proliferan en la red son falsas, están creadas por los sextorsionadores.

Son páginas muy bien hechas. Chicas muy jóvenes y guapas que buscan aventura se ofrecen para cenas románticas y algunas cosas más concretas, como por ejemplo, y tirando de eufemismo, "caricias reconfortantes". Para dar más confianza a la víctima, incluso algunas de esas páginas cebo advierten de que no se hagan abonos por bizum ni pagos por adelantado, porque puede ser una estafa.

El caso es que si nuestro hombre escribe un mensaje o llama para conocer más detalles de la chica, ya ha caído. Y entonces llega la primera llamada de los criminales. Es el extorsionador reclamando una cantidad de dinero al primo, a la víctima con la justificación de que ha hecho perder el tiempo a una de esas mujeres que, por otro lado, seguramente ni existe. Le está pidiendo el dinero, digamos, por las buenas. Las redes criminales quieren tantear a la víctima, saber cuánto puede pagar, y para eso investigan también sus redes sociales, en qué trabaja… El primer pago que les piden a los hombres que han caído en esas páginas sexuales suele ser asequible, de 300, 400 euros… Digo asequible porque ese dinero puede poco para que no le cuenten esas aficiones tuyas a tu mujer, a tu pareja, a tus hijos… Así que algunos pagan.

Cuando estos grupos criminales te cogen, ven que has mordido, ya no te sueltan, intentan sangrarte. Ya han visto que tienes miedo, que tienes mucho que perder. Y vuelven, piden más dinero. Mucho más. Dos, tres, cuatro veces.

Este matón ni va a ir a buscar a la víctima a su casa ni va a hacer nada, por eso les llaman falsos sicarios. Fijaos que entre las 32 investigaciones que hizo el año pasado el Grupo de Secuestros y Extorsiones no encontraron ni un solo caso de sicario sexual, digamos, real. O sea, no hay sicarios dispuestos a ir a pegar o a matar al hombre, pero es verdad que meten mucho miedo, eso es innegable. De hecho, para aterrorizarlo aún más lo que hacen es enviar a su Whatsapp imágenes amenazantes: por ejemplo, una mano con una pistola. O encapuchados con ametralladoras. O un cuerpo desmembrado. Todo eso para animarle a seguir pagando.

Lo que encontraron los policías especializados el año pasado fue a decenas de hombres arruinados económicamente, rotos por la presión y hasta un intento de suicidio. Personas que habían llegado ya a su límite. Y ese es uno de los problemas de las extorsiones sexuales, las víctimas no suelen denunciar, por vergüenza y para evitar líos; y cuando lo hacen suele ser ya muy tarde, llegan muy machacados.

Siguen haciéndose las sextorsiones clásicas, aunque menos. Son más complicadas de hacer, llevan más curro para los malos, y también hay menos víctimas potenciales, menos hombres que caen. Aquí lo que hace la chica (o el maromo que hay detrás) que se anuncia en internet es pedirle al primo que le envíe imágenes sexuales suyas. Por ejemplo, el tipo ve un video de una chica desnuda y ella le pide que haga lo mismo y se lo envíe. Con esas imágenes comienza el chantaje. Fue el caso, por ejemplo, de un conocido entrenador de fútbol.