El primer Territorio Negro del año en Más de uno llegó este lunes 5 de enero y, fiel a la fecha, Luis Rendueles y Manu Marlasca decidieron hablar de regalos. Eso sí, no de los que traen los Reyes Magos, sino de los que circulan en el mundo del delito, donde el aguinaldo rara vez es desinteresado y casi siempre responde a una estrategia.
Narcos vestidos de Santa Claus
Uno de los ejemplos más llamativos llegó desde México. Hace apenas unas semanas, en el estado de Guerrero, varios narcotraficantes organizaron un desfile navideño: todoterrenos, hombres armados y alguno de ellos disfrazado de Santa Claus repartiendo juguetes y dulces entre los niños del barrio. Una escena tan surrealista como reveladora.
Según explicaron Rendueles y Marlasca, este tipo de gestos no buscan llevar ilusión, sino comprar silencio, apoyo o complicidad vecinal, reforzando esa imagen de falso Robin Hood que tantos capos han cultivado históricamente. Pablo Escobar fue el ejemplo paradigmático, pero no el único.
El "Robin Hood" del narcotráfico en España
En nuestro país, el fenómeno ha tenido versiones más discretas, aunque igual de eficaces. En Galicia, Sito Miñanco se ganó durante años el favor de parte de la Ría de Arousa financiando equipos de fútbol locales o pagando costosos tratamientos médicos en el extranjero a jóvenes de la zona.
Algo similar ocurrió en barrios del Campo de Gibraltar, donde, según contaba el activista vecinal Francisco Mena, algún narco llegó a poner 10.000 euros para organizar una cabalgata de Reyes o a pagar recibos de la luz y conceder préstamos a familias sin recursos cuando los bancos cerraban la puerta.
Regalos solo para los suyos
Esa supuesta generosidad, aclararon los periodistas, tiene límites muy claros. Los delincuentes miran primero por su entorno más cercano. En La Línea de la Concepción se generó una gran polémica cuando una niña celebró su primera comunión subida a una carroza de Cenicienta que recorrió el municipio como si fuera un desfile de Disney. Era sobrina de un miembro del clan de El Potito, vinculado al tráfico de hachís.
Y en el ámbito sentimental, tampoco faltan los regalos llamativos. En el Estrecho se popularizó el apodo de "las Kardashian" para referirse a algunas parejas de narcos, por las tres cirugías estéticas más habituales —cara, pecho y glúteos— financiadas con dinero del tráfico de drogas.
Sobornos, favores y cestas de Navidad
El mecanismo del regalo como herramienta criminal no se limita al narcotráfico. Rendueles recordó cómo los ladrones que asaltaron la casa de Esther Koplowitz se ganaron al vigilante de seguridad a base de cenas, viajes, paseos en moto y una relación sentimental cuidadosamente inducida… hasta el día del robo.
Más reciente es el caso de Ana Julia Quezada, donde se investiga si recibió perfumes, chocolates, cerveza y un teléfono móvil en prisión, presuntamente entregados por un funcionario y un cocinero.
También hubo ejemplos de regalos dirigidos a jueces y policías. Desde un mafioso ruso que envió una escultura bizantina a un magistrado de la Audiencia Nacional, hasta el traficante turco Urfi Cetinkaya, que mandaba droga marcada con lazos de colores y notas irónicas dedicadas al juez Baltasar Garzón.
Cuando el romanticismo salva de la cárcel
No todas las historias tuvieron un final oscuro. Rendueles y Marlasca rescataron un caso excepcional: el de una mujer acusada de narcotráfico en Mallorca que logró ser absuelta gracias a un ramo de flores. Su pareja, jefe de una red que introducía cocaína camuflada en pescado congelado, llamaba "flores" a la droga en las conversaciones telefónicas intervenidas. Ella demostró ante el tribunal que, al menos en su caso, las flores eran reales. Fue la única de los 29 acusados que no entró en prisión.

