Como suelen decir los bomberos forestales, el incendio tiene varios frentes y hay uno concreto que reclama atención al segmento futbolero: el Mundial. Tuvo que salir el mismísimo sábado el responsable federativo iraní a decir que así no pueden acudir a la cita amén de que su campeonato doméstico quedaba en suspenso como anunció su homólogo catarí.
Los geopolíticos del balón que cobran nómina de FIFA respondieron ipso facto: "tranquis, vendrá gente nueva, habrá estabilidad y los muchachos podrán vestirse de corto en Inglewood (California) el 16 de junio que es cuando les toca debutar ante Nueva Zelanda". Todo esto es secundario, es obvio, lo primero es parar, estabilizar y dejar de emular prácticas de la Edad Media cuando a la discrepancia le seguía la decapitación o el empalamiento, pero es sintomático. Cuando el deporte se repliega y se encoge, es otro síntoma añadido de que la cosa es grave.
Por compensar, hay gente que despliega sus alas para que la fe en el ser humano no se desplome. Lamine Yamal firmó su primer triplete como profesional tras una actuación excelsa en pleno Ramadán. Sin comer ni beber hasta el ocaso, fabrica lances solo al alcance de los más elegidos, con lo que me pregunto en voz alta… ¿los electrolitos que le dan los nutricionistas del Barça tienen superpoderes… o este chico tiene un cuerpo muy por encima de la media? Sea como fuere, descartemos que sean los nuggets que achicharra el padre en la freidora.
Hoy es culé y solo suliveya a los suyos, es lo lógico, pero cuando nos toque conquistar Norteamérica en busca de la segunda estrella, tendrá más padrinos que el monito Punch… y más generosos que Goyo Jiménez cuando gana su "Beti" el derbi. Pero, al final empate, y lo tenían en la mano...
