Por este día tan especial me permito aparcar la "Alianza de Civilizaciones" fallida de Florentino, la campaña de perfil bajo de Laporta para volver a reinar y hasta los rescoldos coperos de anoche en el Metropolitano tras el 4-0 rojiblanco.
Es día de comunión entre radiofonistas y oyentes. De recuerdos, de inicios, de hábitos y pasiones. Porque en un mundo en combustión como el actual, los que traficamos con goles, los que colamos canastas en coches y salones, los que esquivamos raquetazos que te llevan a la gloria, tenemos un papel vital: el de reconfortar, el de fomentar el latido, el de sentirse parte de algo que, sencillamente, te hace feliz.
El deporte radiado en España tiene una historia muy particular y bastante profunda. Figuras ante el micro que han situado sus programas en cimas de repercusión y reconocimiento. Hoy, quizá con más modestia, le seguimos reiterando a la sociedad que somos algo más que trasmisores de sentimientos. La competición es superación, es sacrificio, es saber que la derrota es habitual. Pero también es equipo, camaradería, madurez. Querida mamá, querido papá, asume que cuantos más entrenamientos a la semana tengan tus hijos (naden, encesten o practiquen vóley)… menos tiempo le dedicarán a su idilio con las pantallas. ¡¡Aunque luego os dejen la nevera tiritando!!
Ejerciendo, siempre me digo que se trata de estar a la altura del deportista, porque así es más fácil dimensionar sus logros. Con empatía natural y esa complicidad que merecemos. Hay que fabricar cultura, un sistema educativo potente, investigación, mentes curiosas. Y hay que poner al deporte y a los deportistas en la peana que merecen.
Me gusta pensar como a tú, en que lo mejor está por llegar. Nuevos formatos, estilos, más motivos para seguir gritando cada 13 de Febrero… ¡viva la radio… viva!
