MÁS DE UNO

El sueño de Alsina: "Rufián seguía haciéndole preguntas a Mazón en el Congreso"

El director del tramo magazine de Más de uno presenta esta experiencia onírica donde el político de Esquerra proseguía en su interrogatorio al expresidente de la Comunidad Valenciana, así como el inicio del litigio contra la mujer de Pedro Sánchez.

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Carlos Alsina

Madrid |

Carlos Alsina en el estreno de la temporada 2026-2027 de Onda Cero/ Gabriel García Aguilar

Esta noche soñé……que despertaba.

Y Rufián seguía haciéndole preguntas a Mazón en el Congreso. Tres días llevaba de interrogatorio, sin alivios ni recesos, valga la rima, y a los ujieres se les veía preocupados porque ninguno de los dos había pedido permiso para ir al baño. En el Canal Parlamentario hacía horas que se habían ido a negro y en Canal Red los realizadores volvían a estar en huelga, de modo que, salvo yo, nadie lo estaba siguiendo.

Mazón se había dejado una barba espesa, como de Carlos Cuerpo antes de ser la esperanza blanca de la izquierda, y a ratos me parecía un náufrago, en consonancia con la carrera política del primero.

Me pareció que Rufián se había visto las dos temporadas de Perry Mason y estaba decidido a que sus preguntas duraran más que los dieciséis episodios seguidos. Por suerte para Mazón, Gabriel no sabe que la versión de los años cincuenta tiene nueve temporadas y doscientos setenta episodios.

Comprendí que los interrogatorios tienen un efecto hipnótico, porque me quedé pegado a la comisión sin peinarme siquiera y en pijama. Rufián le preguntaba al náufrago: "¿Qué pasa con un avión si desaparece el piloto?". Y Mazón callaba.

No entendí su silencio porque la respuesta me parecía clara: si desaparece el piloto se hace cargo el copiloto, ¿no? Debe de ser que la pregunta tenía trampa. O que a Gabriel le ha pasado a menudo que, en pleno vuelo, se anuncie por megafonía que, nadie sabe cómo, el comandante se ha evaporado.

Temí quedarme a vivir para siempre en la tensión Rufián-Mazón

Y me puse a hojear el Boletín Oficial del Estado. Es algo que hago mucho en vigilia, más por hacer tiempo que por interés verdadero en las disposiciones transitorias.

El Gobierno había concedido la Gran Cruz de César Borgia a la embajadora de Marruecos en Madrid, por acoger en su casa a un inmigrante de los que entró nadando en Ceuta. La acogida era solo temporal, hasta que Mohamed VI encontrara la manera de meterlo en la cárcel de por vida.

De Ceuta en la radio ya se hablaba menos porque iba a empezar el juicio a Begoña y nadie quería perdérselo. Habían habilitado en Madrid el Movistar Arena para que cupieran todos los reos.

Al principio iban a juzgar solo a Begoña y a Barrabés, pero la acusación particular, que siempre era el PP, había pedido que, para despacharlo todo más rápido, se juzgara a la vez a Begoña, a Leire, a Cerdán, a Pérez Dolset, otra vez a Begoña, a Koldo (que aún le quedaban cosas), a la gerente del PSOE, el exgerente del PSOE, el exjefe de gabinete del PSOE, al fundador del PSOE, otra vez a Leire, a Zapatero, las hijas de Zapatero, la secretaria de Zapatero, la mujer de Zapatero, los escoltas de Zapatero, los amigos de Zapatero y el tipo que fabricó la caja fuerte del joyero. De Zapatero.

Como dijo un tertuliano imparcial y comprometido con la verdad: "Qué más da que sean causas distintas si todos son la misma mafia". Su intervención fue muy celebrada por sus compañeros de mesa, excepto por uno, que ya estaba resignado a ser el tertuliano coartada (de la pluralidad) y al que, cada vez que abría el pico, se le echaban los demás encima para placarlo.

"Disidente abatido, disidente abatido", decía entonces el moderador entre risas. Y el abatido ya no hablaba hasta la semana siguiente.

Los ministros desfilaban por los programas afines denunciando que no había derecho a que se torciera el derecho para hacerles a ellos la puñeta. Pero la película estaba tan vista que ya no interesaba ni a sus deudos.

Se vio a tertulianos inequívocamente progresistas jugando al tres en raya mientras entrevistaban a Óscar López. Al que también se le había puesto cara de náufrago.

El PP y Vox habían prometido que el día que gobiernen, además de quitarle la nacionalidad a quien haga falta, promoverán una nueva ley de estilismo jurídico según la cual solo podrían impartir justicia los jueces peinados.

A Gómez Bermúdez, que es el juez más calvo que ha habido nunca, le dio igual porque hace tiempo que colgó la toga y se pasó a la abogacía, mejor pagada, pero a Marchena le inquietó bastante porque tiene la cabeza cada vez más despejada.

"Tranquilo, Manuel, si tú vas para fiscal general del Estado", le dijo Enric Juliana, siempre profético.

A Puigdemont la idea le hacía poca gracia, pero tampoco nadie recordaba que a Puigdemont le hubiera hecho gracia nunca alguna cosa. Maldita hemeroteca rescató un vídeo suyo, muy antiguo, en el que parecía que se reía un poco. Luego se demostró que era de España.

En el Movistar Arena, nada más comenzar el macrojuicio, se presentó la Legión. Pero fue porque el coronel que la manda estaba necesitado de acción y, en vista de que no lo mandaban a Ceuta, se mandó él mismo a tomar la justicia, y la sala, por su mano.