el sueño de alsina

El sueño de Alsina: "Me abrí una lata de caballas que me recordó a Vinicius"

Las ensoñaciones de Alsina le llevan por los escenarios más variopintos y a encontrarse con todo tipo de personajes.

Carlos Alsina

Madrid |

Carlos Alsina en el estreno de la temporada 2026-2027 de Onda Cero/ Gabriel García Aguilar
ondacero.es | Gabriel García Aguilar

Esta noche soñé que despertaba.

En una piragua. Sevillana. Tenía que haber dormido en el Caixaforum pero llegué tarde, entretenido como estaba navegando la dársena y aplicando los consejos que me había dado Saúl Craviotto. 'No remes con los brazos', me había dicho. 'Ah, ¿no? ¿Y entonces, cómo?' 'Gira el tronco'. '¿Qué tronco?' 'El tuyo, hombre'. '¿Pero tengo tronco?' '¡Erguido!', me gritaba Saúl, 'más erguido'. 'Pero si ya estoy erguido'. 'Qué vas a estar erguido, por dios, si vas repanchingado, como en el spot donde sales comiendo palomitas'. 'Ah, ¿que ya lo has visto?' 'Céntrate en el remo, que se te tuerce la pala'. 'Es que me han dicho que si vuelcas el peso del cuerpo sobre un lado la piragua cantea y avanzas más rápido'. Se hartó de mí Craviotto: 'Tú sigue canteando y ya verás como naufragas'.

En efecto, naufragué. Y vi en la orilla a un grupo de políticos celebrándolo. No creas que me lanzaron un flotador ni nada. 'Que se ahogue', decían, 'que se ahogue y así se calla'. Enseguida se marcharon a arreglar España y yo conseguí alcanzar la orilla nadando a braza, que es el estilo más descansado. Como en el CaixaForum no hay muelle de náufragos busqué refugio en el club de piragüismo y me preparé para pasar la noche al raso. Me abrí una lata de caballas que me recordó a Vinicius y aguardé, paciente, a que llegara el alba.

En la radio decían que iban a seguir hablando de Ceuta, que era la forma de decir que iba a seguir hablando no de Ceuta sino del gobierno. Al presidente le habían preguntado no sé dónde cómo explica que haya mil menores en la calle sin custodia y había dicho: pregúntele a Vivas. A Vivas le habían preguntado no por los menores sino por Sánchez y había dicho: pregúntele a Sánchez.

Entendí que en el país en el que todo dios le rebota las preguntas al otro es natural que broten analistas de debajo de las piedras. El verdadero milagro español es éste: cada televisión emite más horas de tertulia que horas tiene el día. Gomaespuma hizo una vez una encuesta en la calle. Preguntaron qué le parecería a la gente que las televisiones pudieran emitir cincuenta horas diarias. A todos los encuestados les pareció fenomenal. Seguro que pensaron que serían cincuenta horas de concurso.

Analista es la forma bonita de llamar a quien opina a todas horas pero aborrece que se le llame tertuliano porque le suena a batalla de cuñados. Hubo un tiempo en que brotaron de debajo de las mesas (de platós) los politólogos, que venían a ser tertulianos con marchamo universitario. Conocí a uno cuya hermana acababa de casarse con un joven llamado Reinaldo (hoy, por cierto, es su santo). Le preguntó una invitada a la boda: ¿Tú eres… el cuñado de Reinaldo, no? Y él, muy digno, dijo: 'No, yo soy su politólogo'.

A la boda llegué tarde, como me pasó con la de Carlos I. Que fue en Sevilla. Se casaban Carlos I e Isabel de Portugal, en el Alcázar. En la invitación ponía marzo del 26, y yo interpreté que sería este marzo pero resulta que era 1526. Llegué tarde quinientos años. Nunca me lo perdonaron los austrias. Menos mal que cambió la dinastía y los borbones hicieron borrón y cuenta nueva, sobre todo con la organización territorial de España. En tiempos de Isabel de Portugal no había tomavistas, por eso no hay imágenes de su boda en la exposición del CaixaForum sobre cine doméstico.

En el Alcázar lo que hacen ahora son representaciones nocturnas y conciertos. Hace noventa años aún se quedaba a dormir la gente ilustre a la que invitaba Romero Murube. Lorca, por ejemplo, que vino en su penúltima primavera a conocer la feria. Antes había conocido no la feria pero sí la juerga en la finca de Sánchez Mejías.

En homenaje a Lorca, bola blanca bola negra, hemos encargado esta mañana unos churros. Él, como era sensible y del pueblo, amaba los churros y las porras. Soñé que estaba Lorca en su habitación la mañana siguiente a una barraca, recién despertado en compañía de dos compañeros barracos. Tocaba el timbre y subía una doncella. Él le hacía una broma muy suya: decirle, serio, palabras inventadas. 'Traigamos un chocolate chorpatélico con un poco de ronronquelia'. La chica murmuraba sólo dos palabras, 'está loco', y se iba por donde había venido. Pero en nada volvía a aparecer con el chocolate y los churros sabiamente traducidos. Le decía Federico, entonces: 'Déjelo ahí, en la concla', y ahora sí que ella malinterpreta la guasa porque le gritaba desatada: '¡cochino! ¡sinvergüenza! ¡asqueroso!'

Esto en La bola negra no sale porque es un drama. Y porque es conocido, desde entonces, que las bromas chorpartélicas las carga… el servicio de habitaciones. Romance del poeta escarmentado.