Esta noche soñé …que despertaba.
Por culpa del ruido que llegaba de la calle. Alguien con un megáfono voceaba. Y voceaba largo. Como si sufriera de incontinencia verbal o logorrea. Por puro afán humanitario, me bajé en pijama decidido a sofocar aquel brote verborreico. Y a poder dormir, tampoco te lo niego.
Abrí el portal y me pareció que era una señora enfadada. Pero sí, resulta que era Irene Montero haciendo campaña con nocturnidad y alegorías. Yo era la única alma viva en la calle; en cuanto me vio, vino a pedirme el voto con una hucha del Domund en la mano. '¿Es para las misiones?', pregunté, recordando mis tiempos de chaval en que salíamos a pedir dinero para los negritos. 'Mi misión es singular', dijo, 'salvar al pueblo de la derecha, la ultraderecha, Sánchez, el PSOE, los jueces, la patronal y los izquierdistas de pega'. '¿Y de Rufián?', me salió preguntar. 'Rufián me adora', respondió ella. Y como prueba me enseñó una foto firmada por Gabriel con un beso.
Confieso que me emocionó el gesto, pero como estaba deseando volverme a la cama, intenté hacerle ver que no eran horas. 'Tiene usted todo el día para mítines', objeté, 'a estas horas la gente quiere dormir'. Me pareció que su rostro se transfiguraba, o igual es que me lo transfiguré. '¡La revolución no duerme!', exclamó. 'La revolución no, pero la gente sí', le volví a objetar yo, 'la gente se subleva mucho mejor si llega a la revolución descansada'. Ella agitó la hucha y me hizo un gesto para que callara.
'No hables más, miembro de las élites', me dijo, 'no hables más y vótame, el miedo ha cambiado de bando'. Yo, que no soy de bandos pero tengo mis miedos, le expliqué que no llevaba nada suelto. Y también, que con ella y su compañero me pasa que ya no distingo cuándo me están pidiendo el voto y cuándo me están pidiendo pasta; para sus tabernas y sus canales y sus casas, digo sus cosas. 'Él es una cosa y yo soy otra', repuso ella, con razón, 'él es empresario modelo y yo una joven promesa del parlamentarismo europeo'.
"Ya no distingo cuándo me están pidiendo el voto y cuándo pasta"
Me dejó sin argumentos y prometí leerme el programa electoral de ella. Y a él, hacerle un bizum. Siempre he admirado al empresario que no lo es por vocación, sino por donación. El dinero lo ponen otros y él crece libre de ataduras y de deudas. Crece o mengua; depende de su aptitud gestora.
Como Irene seguía con el megáfono y amenazaba con dar otra serenata, llamé a Ione para que se ocupara. Me lo cogió dormida, es natural. 'No sé de qué me hablas', creo que dijo. 'De Podemos', dije yo. Y ella insistió: 'No sé de qué me hablas'. Ahí entendí que la izquierda no tiene solución y que hay cargos que son como Egipto en 'Los diez mandamientos', cartón piedra.
Iba yo pensando en el 'No mentirás' camino de la cama cuando caí en que nunca sueño con el Papa. No por descreimiento, creo yo, sino por prudencia. Aquel que invoca la fe para afirmar que la resurrección es posible, ¿dice verdad o autoconvencimiento? Ya amanecía y aún estaba yo dándole vueltas cuando me sonó el móvil y era Ione, ya bien despierta.
Inventé una excusa para poder seguir reflexionando. Dije: 'Me pillas haciendo una roza'. '¿Un arroz?' 'No, una roza'. 'No sé que es una roza', confesó. 'No pasa nada', le dije, 'es un concepto propio de la clase trabajadora. De la albañilería, en concreto'. 'No sé de qué me hablas', me volvió a decir Ione, que captó a la primera mi decepción porque no es albañila, sino psicóloga.
Albañilas en España hay pocas. Casi menos que mujeres en el núcleo duro del presidente. Me colgó Ione, leyendo mi pensamiento. Yo es que a la roza le tengo cariño, siempre ahí, tan discreta, tan escondida. Una vez vi a un albañil un poco brusco que le decía a un tubo corrugado: te voy a empotrar aquí mismo, guapo. Y pensé que, a menudo, en la obra se confunde el humor con la franqueza.
Corrugado viene a ser como arrugado. Sánchez, por ejemplo, ante Marruecos. En mi sueño, el presidente corrugado salía en La Sexta, pero sin brillo. O sea, muy bien maquillado. Pensé que estaría bien contar algún día cómo es el trabajo de maquillar gente. Empleos que están ahí, pero de los que se sabe poco.
El maquillador, que casi siempre es maquilladora, ¿nace o se hace? ¿Qué pasa si un presidente sale sin maquillar en pantalla, parecería Nixon, el de las cloacas, demacrado y sudando? ¿Los presentadores de la tele tienen maquillador personal o hay una sala al por mayor donde maquillan a todo el que entra? ¿Y si llegan a la vez Vallés y Ferreras y sólo hay una silla libre, quién va primero? En estas preguntas estaba cuando me despertó otro megáfono. Ya no era Irene, sino el chatarrero. Tuve la impresión de que sus mensajes eran gemelos.

