El 13 de septiembre de 1993, en los jardines de la Casa Blanca (Washington D.C.), se firmó la Declaración de Principios sobre las Disposiciones relacionadas con un Gobierno Autónomo Provisional, conocida como Acuerdos de Oslo I, entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
Ese día se acordaron ciertos aspectos, como el reconocimiento mutuo entre ambos gobiernos, un autogobierno interino palestino e, incluso, se fijaron elecciones en un plazo de 10 meses para crear un Consejo Palestino. La Declaración establecía que el acuerdo entraba en vigor un mes después de su firma.
Sin embargo, la situación actual dista mucho de esa realidad. A día de hoy, la guerra de Gaza continúa. A pesar del alto el fuego de octubre de 2025 han muerto, al menos, 1.352 personas y han resultado heridas otras 4.661. También continúa el bloqueo de alimentos y necesidades básicas. Se estima que el 94% de la población necesita vivienda, mientras que el 58% se enfrenta a necesidades críticas o catastróficas.
Doce países occidentales (entre ellos España, Francia, Reino Unido, Canadá, Suecia e Irlanda) anunciaron el 8 de septiembre de 2026 medidas coordinadas para presionar a Israel por la expansión de asentamientos en Cisjordania, considerados ilegales por el derecho internacional.
Lo más cercano, son las elecciones parlamentarias el 27 de octubre de 2026 que van a celebrarse en Israel.
La columna de Julia
33 años se cumplen hoy de un momento histórico, de esperanza para millones de personas. Isaac Rabin, primer ministro de Israel, y Yasir Arafat, líder de la Autoridad Palestina, se dieron en Washington un apretón de manos el 13 de septiembre de 1993, después de firmar la Declaración de Principios para la autonomía de Gaza. En tres décadas han conseguido retroceder hasta el genocidio.
Los boomers crecimos engañados, creyendo firmemente que lo peor había pasado, les había pasado incluso a nuestros abuelos. La evolución de la Historia solo podía ir en la buena dirección.
El siglo XXI será humanista o no será, nos decían los filósofos. Y ahora tenemos un experto en inteligencia artificial que nos da apenas 5 años más existencia. Mientras llega el robot asesino, aquí estaremos, disfrutando de una radio hecha artesanalmente, con la inteligencia natural -mucha o poca- que nos tocó en el sorteo del genoma.
Buenos días a la buena gente.

