Déjame que te cuente por qué necesitamos la palabra migrante. Porque ahora que estamos en Ceuta a vueltas con las cifras, que el Gobierno no para de rectificarse a sí mismo, necesitamos prestarle atención a las letras.
Un migrante puede ser emigrante o inmigrante, depende de si se le echa de menos o de más. En su pueblo será el héroe que logró escapar de la guerra, la pobreza o la falta de oportunidades, el emigrante que sueña con volver en tiempos mejores; y en su casa, allá donde viva, siempre será el que ha llegado de fuera. Y eso si ha llegado.
La palabra emigrante tiene buena prensa. Inmigrante, no. El emigrante es el nuestro, el que se marchó. El inmigrante es el otro, el que viene de fuera. Y son la misma persona, solo cambia el punto de vista. Todo inmigrante es emigrante también. Y viceversa. ¿Y el migrante? Migrantes son todos. El migrante no requiere de un punto de vista del hablante para determinar su identidad. Por eso es tan importante la palabra.
La palabra migrante no es un eufemismo, no necesariamente. Es un concepto más amplio. Porque la migración es un fenómeno global y complejo y no solo basta para analizarlo el punto de vista del país de destino. Ni siquiera siempre hay un destino. El migrante está en tránsito. Salió de su tierra, pero muchos no han llegado todavía y puede que no lleguen nunca.
No sabemos cuántos centenares de migrantes murieron al intentar llegar a Ceuta el 30 y 31 de julio. Sabemos que se han recuperado 141 cuerpos y que Marruecos se ha desentendido de ellos. Nunca llegaron. Emigraron pero no fueron inmigrantes, no les dio tiempo. Tampoco está claro que lo sean los miles que siguen varados en Ceuta, esperando el asilo o la deportación. Ceuta no era su destino.
Emigraron pero no fueron inmigrantes, no les dio tiempo
Miles de personas mueren ahogadas cada año intentando llegar a Europa. ¿Quiénes mueren intentando llegar a Europa? ¿Inmigrantes o emigrantes?
¿Quiénes mueren intentando llegar a Europa? ¿Inmigrantes o emigrantes?
Ceuta es de momento el no-lugar en el que se han quedado atrapados en su sueño frustrado de llegar a Europa. Los hay marroquíes, que no hace tanto que emigraron. Pero también sudaneses y senegaleses. Los hay de Gambia también. Llevan meses de país en país, atravesando guerras, epidemias y desiertos, buscando un destino en el que hacer su vida.
Una gestión inteligente
En su tránsito sin fin han llegado a Ceuta en la mayor crisis migratoria que ha vivido la ciudad autónoma y España, que es también una crisis humanitaria y de seguridad fronteriza. Estos migrantes son munición humana en un ataque híbrido que es también un ataque fantasma, mientras el Gobierno siga sin atreverse a otorgar a Marruecos ninguna responsabilidad por haber dejado pasar más de 70.000 personas. Ayer en su entrevista en El Intermedio el presidente Sánchez aseguraba que Marruecos había actuado en esta crisis de manera inteligente.
Munición humana en un ataque híbrido que es también un ataque fantasma
Los que se desentendieron de sus propios muertos, ¿actuaron de manera inteligente? Lo que hace seis semanas era un ataque a la integridad es ahora una gestión inteligente.
Tiempo tenemos esta tarde en La Brújula para hablar de mucho más que de Ceuta, hablaremos de cómo están subiendo los precios y de Puigdemont y de lo que está pasando en Lituania. Y hasta de un diplodocus maño. Luego vamos con ello.
Remigración, otro concepto
Pero merece darle una vuelta más a la pertinencia de la palabra migrante, porque mientras discutimos si es o no un eufemismo se extiende el concepto de remigración. Debería preocuparnos más esta palabra. Que es la idea de quienes proclaman que ya no cabe un inmigrante más y cada vez que escuchan un acento sienten amenazada su identidad.
Qué chollo para la extrema derecha lo que está pasando en Ceuta. Porque en Ceuta es verdad que ya no caben. Y no caben porque, por mucha solidaridad con Ceuta, pero un territorio que tiene escasamente 20 km no da abasto para atender a 10.000 personas que desde hace mes y medio a menudo malviven gracias a las ayudas de los propios ceutíes, que mientras reclaman volver a la normalidad no dejan de mostrar su humanidad.
Qué chollo para la extrema derecha lo que está pasando en Ceuta
¿De verdad no podemos ayudar más a Ceuta? ¿Va a tener que gestionar Ceuta sola estas 10.000 personas, por lo menos, hasta Navidad, según dijo Sánchez ayer. ¿Y a los miles de niños perdidos que siguen sin ser atendidos? Al menos ahora sabemos cuántas personas son. Hace tres semanas el Gobierno decía que había entre 3500 y 7000. Hoy ha reconocido que son unos 10.000. Y que pasarán meses hasta que consiga normalizar la situación de los migrantes.
Pero llamar migrantes a los que siguen en Ceuta no es atribuirles un eufemismo, es reconocer su limbo transitorio. Es reconocer que la mayoría de ellos están de paso.

