OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Reunión de consuegros con rapero al fondo"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre el encuentro en Waterloo de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras después de cuatro años.

Carlos Alsina

Madrid | 08.07.2021 08:34

Les faltó decirse ‘tenemos que vernos más’. Les faltó decirse ‘nos llamamos’. Les faltó decirse ‘no esperemos cuatro años para repetir’.

"Junqueras se personó en Waterloo para hacerle ver a Puigdemont que en Cataluña preside Esquerra"

Fue tan cálido, ¿verdad?, tan cordial, tan fraternal el reencuentro de los dos ideólogos de la sedición de 2017, Junqueras el indultado y Puigdemont al que nunca se juzgó, que lo de ayer ha debido de ser el comienzo de una hermosísima –--y falsísima--- amistad. Esta pareja nunca fue otra cosa que una asociación interesada, el matrimonio de conveniencia, socios de una empresa llamada el procés que ahora intentan mantener a flote cambiándole la imagen y tuneándola.

Ahí estaban ayer, el hombre que proclamó la independencia, se escapó a Bruselas y desde allí sigue alentando la ruptura con España y el hombre que presionó a éste para que proclamara la independencia, cumplió condena y hoy se deja querer por la Moncloa como el profeta del diálogo.

El nuevo matrimonio de conveniencia que está por ver si algún día se atreve a emanciparse, o independizarse, de las tutelas y las tutías de sus popes

Junqueras se personó ayer en Waterloo para hacerle ver a Puigdemont que ahora quien preside Cataluña es Esquerra. No le trató ni de president legíti-mo, ni de president en el exilio. Le trató de Carles, a secas. Ni rastro del Consejo de la República aquel que iba a funcionar como Parlamento paralelo en la mansión de Bruselas. Fue todo tan impostado, tan artificial, que cabe preguntarse para qué quedaron. O para qué han quedado.

Pero bueno, hubo foto de la gran familia independentista en Bruselas: Puig-demont, Romeva, Bassa, Forcadell, el politólogo Comín. O de la familia y uno más, porque se apuntó a la kedada el rapero Valtonyc. Y lo que no hubo fue foto del momento en que se encontraron por primera vez los consuegros, o sea Junqueras y Puigdemont, y se fundieron en un largo abrazo, igual porque ni fue largo ni se fundieron. Consuegros porque uno es el padre de Pere Aragonés y el otro es el padre de Jordi Puigneró, o sea, los Junqueras y Puigdemont de la nueva generación. El nuevo matrimonio de conveniencia que está por ver si algún día se atreve a emanciparse, o independizarse, de las tutelas y las tutías de sus popes.

España entra en riesgo extremo de contagio por coronavirus

Con la epidemia sumando contagios en España y la incidencia superando los 250 casos por 100.000, el gobierno nos anima a fijarnos menos en la incidencia y más en otros indicadores.

Los otros indicadores son la hospitalización, por debajo del 2,5 % de las camas ocupadas por pacientes de Covid, y la letalidad, con una media de entre ocho y diez fallecidos al día. Tiene razón la ministra en que, pese a la incidencia disparada que sufrimos, ni en los hospitales ni en los tanatorios se registra nada parecido a lo que tuvimos en las olas de enero o de octubre.

Pero tan cierto es eso como que hace dos semanas nos felicitábamos de que los contagios bajaban y hoy no dejan de subir, no sólo entre los veinteañeros (que van camino de los 1.000 casos por cien mil de media nacional) sino en todos los tramos de edad: entre los mayores de cuarenta crece más despacio, pero está creciendo. Y era la propia ministra Darias quien hace no tanto tiempo nos estaba recordando que no debíamos darnos por satisfechos mientras la incidencia no bajara de los 50 casos.

Lo más decepcionante de lo que estamos viviendo es la constatación de que cada vez estamos más lejos del objetivo

Esto es lo más decepcionante de lo que estamos viviendo: la constatación de que cada vez estamos más lejos de ese objetivo, con la inquietud que genera entre médicos y enfermeras de los centros de salud y entre trabajadores y empresarios de sectores que temen pagar el pato de este mes de julio que va cada vez más cuesta arriba.

El sector del ocio nocturno se lamenta ya de que mañana, y por quince días, tengan que cerrar las discotecas en Cataluña. Sólo se mantiene la música al aire libre y con test de antígenos para los asistentes si el número supera los 500.

25.000 personas asistirán al primero de los grandes festivales que retoma su actividad

No son 500 sino 25.000 asistentes los que se anuncian hoy, mañana y pasado, al festival Cruilla en el Parque del Fórum de Barcelona. El primero de los grandes festivales que retoma su actividad en Europa. Y que supone un desafío de seguridad sanitaria en pleno acelerón de los contagios entre jóvenes en Cataluña. Trescientos auxiliares de enfermería han sido contratados por la organización para hacer test de antígenos a los 25.000 espectadores. Con la compra de la entrada se les ha asignado hora para el test y se les ha avisado de que la mascarilla es obligatoria y de que, si dan positivo, se les devuelve el dinero y se remite su caso al departamento de Sanidad para el rastreo de sus contactos.

El desafío es demostrar que se pueden celebrar actos multitudinarios sin que supongan una bomba vírica, que diría Page. Y también, que se puede hacer un cribado de 25.000 personas en una mañana. Como experiencia tiene todo el interés del mundo lo que va a suceder hoy en Barcelona. Más allá de la experiencia musical.