Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Ésta es muy conocida. Colón andaba el hombre en un momento bajo de popularidad, los Reyes Católicos ya no le tenían en tan alta estima como cuando había descubierto América por equivocación diez años antes, llegó con sus cuatro naves a La Española y viendo que venía un huracán pidió permiso para desembarcar y se lo negó el gobernador, de modo que se fue para el sur y llegó a Jamaica, donde entre los temporales y un molusco que se come la madera, se le arruinaron los barcos, dos hundidos y dos encallados.
Tuvo que pedir ayuda a los indígenas y al principio, bien, que si agua, que si comida, pero viendo que aquello se eternizaba los indígenas ya dijeron a los españoles que mejor se buscaran la vida. Pero Colón, que era un tipo con recursos y tenía a la tripulación amotinada, improvisó una treta con ayuda del almanaque.
"Dios está de nuestro lado", les dijo a los indios, "y está enfadado con vosotros por dejarnos tirado. Os va a enviar una señal: esta noche la luna saldrá encarnada, del color de la sangre, y al veros a vosotros se oscurecerá". Naturalmente, Colón lo que sabía es que iba a haber un eclipse y lo aprovechó a su favor para meter el miedo en el cuerpo a los indígenas y presentarse ante ellos como el único capaz de interceder ante dios para que la luna volviera a ser de color luna, a cambio, claro, de tener la manutención garantizada hasta que llegaran refuerzos, y carpinteros, de La Española. Así fue como el almirante usó un eclipse en su beneficio.
El heredero de Cristóbal Colón
Heredero de Cristóbal Colón, el almirante Tezanos ha recurrido quinientos veinte años después a la misma treta. Ha utilizado un eclipse para hacer méritos ante el dios por el que bebe los vientos, que es P.S., y diluir el peso en el CIS del muy precario estado que exhiben las naves de la flota sanchista, unas ya perdidas, otras encalladas.
Las siete primeras preguntas del barómetro tezánico de junio versan sobre el eclipse de sol que se producirá de dentro de ¡dos meses! (para que no se diga que no se anticipa el brujo). El Estado, o sea el CIS, siente la necesidad de saber cuántos de nosotros sabemos que habrá eclipse de sol (72%), cuántos lo querremos ver (al 20% no le interesa lo más mínimo), dónde estaremos cuando el sol se esté oscureciendo, en qué provincia exacta, en que lugar concreto de la provincia, en qué inmueble preciso y si hemos cambiado los planes veraniegos por esta circunMonóstancia.
A qué se debe el extraordinario interés del Estado por conocer estas respuestas sólo el almirante Tezanos lo sabe. Después de todo es él, de forma perfectamente caprichosa o arbitraria, quien decide qué se pregunta a los españoles. Nunca preguntó por la ley de amnistía, ni por la ausencia de Presupuetsos, nunca ha preguntado ni por Ábalos, ni por Koldo, ni por Cerdán, ni por Leire. Pero del eclipse de sol este hombre quiere saberlo todo.
El eclipse sobre Zapatero
Del eclipse de Zapatero, no. Sobre este sol que se va apagando tampoco tiene interés en preguntar a nadie. Ni siquiera una pregunta cándida tipo: ¿ha cambiado su opinión sobre el expresidente tras saberse que guardaba en una caja fuerte varios conjuntos de joyas? O ¿cree usted que la aparición de unas joyas, su relación con Julio Martínez, las cantidades ingresadas por sus hijas por trabajos poco sofisticados, y las conversaciones entre los dueños de Plus Ultra que le tienen por un conseguidor de favores del gobierno Sánchez demuestran que todo es una persecución política injustificable, o sea, que no hay mejor analista de sumarios en España que Óscar López? (Responda sí, por favor, que si no Tezanos no me la paga, dirá el encuestador apurado).
El juez, a diferencia del CIS, sí ha preguntado por Zapatero. A una joyería reputada, Ansorena, para que le diga qué valor en euros tienen las joyas que guardaba el ex presidente en su despacho. Recordemos que Zapatero, de viva voz, no ha dicho ni media palabra sobre las joyas, pero eligió a una suerte de portavoz autorizado -en rigor, un comentarista político afín y gestor de Ateneo madrileño, Luis Arroyo- para que informara en su nombre de la procedencia de las joyas y su valor estimado.
El juez, a diferencia del CIS, sí ha preguntado por Zapatero
Entre treinta mil y cincuenta mil según la voz de ZP. Según la joyería que ha hecho la tasación, un millón trescientos mil euros. La diferencia es notable, del tamaño de una horquilla electoral de Tezanos: de los treinta-cincuenta que dice el propietario al millón trescientos mil que dicen los joyeros. Una fortuna en joyas.
Ayer pudieron ocurrir dos cosas: que en casa Zapatero explotaran de alegría al descubrir que donde creían tener bisutería tenían un tesoro -menudo patrimonio de golpe, a ver cómo lo tributamos- o que explotaran de preocupación por si acaso el juez no se cree que entre las madre, la otra madre y la tía hubieran acumulado un tesoro sin saberlo.
El Partido Socialista, lejos de alegrarse al saber que su faro moral tenía una fortuna sin él saberlo, ha perdido el habla y no sale de su asombro. Informó anoche El País de que la tasación ha generado estupor en Ferraz, y eso que en Ferraz han manifestado ya tantas veces estupor por los asuntos que se han ido revelando -de piedra se quedaron cuando Koldo, de doble piedra cuando Ábalos, de mármol ya cuando Cerdán, de cuarzo cuando Leire y de hormigón armado ahora que sale esto de Zapatero. Ferraz es un parque temático del estupor. Entran por la puerta cada mañana y en lugar de buenos días se dicen preventivamente pero qué me estás contando.
Entran por la puerta cada mañana y en lugar de buenos días se dicen preventivamente pero qué me estás contando
Elevemos una oración solidaria, y con afecto, por Luis Arroyo, el portavoz nada especializado en rubíes y collares (creo) que salió el hombre a dar la cara. Ya comentamos aquí lo arriesgado que resulta aparecer como portavoz de las actividades particulares de una persona que, en realidad, no conoces. Al portavoz se le pregunta por cosas que sólo sabe el imputado y él contesta lo que le han dicho porque, en rigor, no sabe nada.
Ni de suegras, ni de tías, ni de herencias, ni de joyas. Ni de impuesto de patrimonio. Entre treinta mil euros y un millón trescientos mil hay un océano. La misma distancia que separa a un faro moral del faro de Alejandría, es decir, derruido y con sus piedras hundidas en el mar, y sin indígenas a los que engatusar para que acudan eternamente en su socorro.

