Más de 4.000 personas asistieron ayer en Huelva al funeral por las víctimas del accidente de Adamuz. Huelva era el destino del Alvia al que la mayoría de las víctimas nunca llegaron el domingo fatídico. El día que en Adamuz se cruzaron con el Iryo. De los 45 fallecidos, 28 eran de Huelva.
Estuvieron los reyes acompañando a los familiares de los fallecidos, y entre las autoridades la vicepresidenta María Jesús Montero, y los ministros Ángel Víctor Torres y Luis Planas. También el presidente andaluz Juanma Moreno y Núñez Feijóo. Todos se dieron fraternalmente la paz. Solo faltaba.
El que no estuvo arropando a las víctimas fue el presidente del Gobierno. Y no sé si debería haber estado. Algunos familiares expresaron que preferían que no. Puede que no estar sea lo mejor que el presidente del Gobierno podía hacer por las víctimas, pero eso dice mucho del momento.
Lo que sí tiene que hacer las autoridades, ayer se lo pedía Liliana Sáenz en el funeral, en nombre de Natividad, su madre muerta en el accidente, es esclarecer qué ha pasado. Las víctimas piden la verdad. La verdad y la responsabilidad.
Donde tampoco estuvo el presidente Sánchez fue en el Senado. Allí estuvo el ministro de Transportes Óscar Puente solo, muy solo. Dio las explicaciones que le parecieron pertinentes y algunas impertinentes también. Y explicaciones que nadie le pidió, como que lleva días durmiendo menos de tres horas. ¿Y qué importa eso, ministro?
Puente presumió en el Senado de hacer muy bien su trabajo. Toda la paciencia que pide para esperar a que termine la investigación antes de sacar conclusiones se le olvida cuando de echarse flores se trata. Él lo ha hecho todo bien. No sabe bien lo que ha pasado en Adamuz, pero el ministro, en lo que a él se refiere, lo tiene claro: no se puede hacer una mejor gestión de la tragedia. Eso ha dicho. Que no se puede hacer mejor. ¿Y la prevención?
A esa hora, en Huelva, las víctimas lloraban a sus muertos.
¿Moraleja?
Hasta que sepamos la verdad,
ministro, un poquito de humildad
