LA BRÚJULA

La reacción psicológica tras el accidente de Adamuz: "El desprecio a la fe de las víctimas nace de la ignorancia"

La psicóloga María Jesús Álava Reyes analiza en La Brújula la reacción de las víctimas y familiares de la tragedia de Adamuz y el emotivo discurso de Liliana, hija de una de las fallecidas, que se ha convertido en una lección pública de dignidad, gratitud y fe

ondacero.es

Madrid |

Frente a la tentación del odio y la búsqueda compulsiva de culpables tras la tragedia de Adamuz, la psicóloga María Jesús Álava subraya cómo estas familias han demostrado serenidad, solidaridad y una profunda humanidad incluso en medio del dolor más insoportable.

Una reacción que descoloca todas las expectativas

Rafa Latorre abría la sección recordando que "la víctima es el héroe de nuestro tiempo" y que hoy cualquiera se presenta como tal, pero que, en esta ocasión, se hablaba de "las víctimas de verdad, las que no desean serlo". Desde ahí, preguntaba a María Jesús Álava si la reacción de las familias había entrado dentro de lo esperable o había sido algo excepcional.

La psicóloga no dudaba: la respuesta de las víctimas y de sus familias "no ha respondido a lo que muchas personas podían esperar". En lugar de fracturas, agresividad o búsqueda de culpables en los que volcar la desesperación, Álava destacaba que "en todo momento han dado señales de unidad en la tragedia, de centrarse en lo esencial, en ayudar en lo que estaba en su mano".

A su juicio, han sacado "lo mejor que llevan dentro" para, pese a una "pena infinita", buscar ayuda y consuelo y arroparse unas a otras en medio del sufrimiento más desgarrador.

Dignidad en el dolor frente a la tentación del odio

Latorre subrayaba cómo ese comportamiento ha sobrecogido a la audiencia. Álava apuntaba que esa conmoción alcanza sobre todo a "las personas que tenemos sensibilidad y empatía", porque no todo el mundo es capaz de ponerse en el lugar del otro. Muchos oyentes, sugería, se habrán preguntado qué habrían hecho ellos en esas circunstancias y probablemente habrán concluido que no habrían sido capaces de reaccionar con tanta dignidad.

Frente a la posibilidad de caer en conductas más agresivas y desesperadas, la psicóloga resaltaba que estas víctimas "nos han enseñado cómo puedes reaccionar desde el más profundo de los respetos, incluso en las peores circunstancias de tu vida". Su "inmenso desgarro" se ha expresado "dentro del dolor más profundo, pero también más interno", con un recogimiento que, según decía, ha conmovido a todos.

Los pilares psicológicos que sostienen a las víctimas

Desde una perspectiva estrictamente profesional, Álava explicaba que el primer paso cuando se acompaña a víctimas de una tragedia de este calibre consiste en identificar sus posibles puntos de apoyo. Uno de los factores clave es "formar parte de un núcleo familiar cohesionado, unido", algo que se convierte en un gran sostén emocional. A ello se suma contar con "una red de amistades auténticas que van a estar ahí no solamente en los primeros momentos".

La psicóloga insistía también en la importancia de evaluar la fortaleza interior de cada persona, su vulnerabilidad emocional y, muy especialmente, "sus creencias internas, sus valores, la ética de su vida". En este punto subrayaba el papel de la fe: "si es una persona con una base religiosa importante, nos indica que va a tener un punto de anclaje y consuelo que difícilmente lo tienen quienes carecen de esas ideas".

Y lanzaba una advertencia: "habrá personas que pueden despreciar este sentimiento religioso, pero es un gran error; ese desprecio nace de la ignorancia". No se trata de que el terapeuta comparta esas creencias, matizaba, sino de que las respete íntegramente, porque pueden ser "una ayuda inestimable".

En el análisis del comportamiento de las víctimas de esta tragedia, Álava veía con claridad que sus creencias internas han sido "un gran soporte". De ellas destaca que "han sabido quererse y cuidarse unas a otras", que sus conductas han estado "llenas de solidaridad" y que no se han observado "conductas egoístas", sino una generosidad y sensibilidad constantes.

Dolor, derechos y respeto: exigir la verdad sin odio

Uno de los aspectos más subrayados por la psicóloga es la capacidad de estas familias para conjugar el respeto con la firmeza. A pesar del dolor, "se han centrado en lo esencial", han buscado el consuelo que necesitaban y, al mismo tiempo, "todo lo han hecho sin renunciar a sus derechos".

Álava destaca que han sabido "pedir y exigir explicaciones y responsabilidades por lo sucedido" y que han expresado "con claridad meridiana lo que quieren, lo que necesitan y cómo exigen saber la verdad, toda la verdad".

Para ella, ese derecho a la verdad es irrenunciable: "nadie, absolutamente nadie, se lo puede negar". Lo admirable, insistía, es que "todo esto lo han hecho y lo han expresado con determinación, pero también con gran respeto", sin dejar que el odio se imponga en su relato del dolor.

Liliana: la gratitud y la fe como refugio

En la conversación, Latorre traía a la memoria el discurso de Liliana, hija de Natividad, al que describía como una intervención de "sobriedad, entereza y emotividad". Álava coincidía en que su intervención fue "uno de los momentos más emotivos del funeral".

Siempre acompañada por su hermano, Liliana ofreció "una lección inmensa de cómo intentar encontrar consuelo en medio del dolor", agradeciendo a quienes se han volcado con las familias y reclamando que se esclarezcan las causas del siniestro "con un tono lleno de respeto, pero también de fuerza y de contundencia".

La psicóloga situaba el discurso de Liliana en el corazón de uno de los grandes pilares del equilibrio emocional: la gratitud. "Su mensaje estuvo lleno de gratitud", recordaba. Comenzó dando las gracias "al pueblo de Huelva" y a todos los que les acompañaban "por amor, por compasión, por empatía", e incluso "a los que lo hacéis por agenda". Para Álava, "difícilmente se puede expresar una gratitud con mayor claridad y también con mayor realismo".

La lista continuaba: agradecimientos al pueblo de Adamuz, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, a Cruz Roja y a "todo el personal sanitario" del que ella misma forma parte. En este punto, Liliana dejó una frase que la psicóloga consideró magistral: "Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela. Y si no puedes consolar, acompaña". Para Álava, en esa sentencia se condensa la esencia de "saber estar con sensibilidad" ante el sufrimiento extremo.

El derecho a saber: mejor la verdad que la incertidumbre

Liliana no renunció tampoco a introducir una crítica, que Álava destacó como especialmente relevante desde el punto de vista psicológico. "Permitidme, no obstante, una crítica a la lentitud de la información, pues creedme, es mejor saber que imaginar", dijo. La psicóloga conectó esta frase con reflexiones que ya había compartido días antes en la misma sección: las víctimas y sus familias "necesitan y merecen tener una información veraz, concreta y precisa en cada momento".

Para Álava, la advertencia de Liliana es clave: "ante los hechos podemos intentar responder de forma lógica, pero ante la imaginación no tenemos recursos para afrontar la angustia que alimenta la incertidumbre". De ahí la importancia de no esconder información ni dejar que el vacío se llene de fantasías y miedos.

Vagones llenos de vidas, no cifras

La intervención de la hija de Natividad también sirvió para humanizar a las 46 personas fallecidas. Álava rescató un pasaje especialmente poderoso del discurso, cuando Liliana recordaba que lo que se perdió aquel "fatídico domingo" no era solo un número: "no era sólo una cifra, eran vagones llenos de virtudes y defectos, vagones llenos de triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anillos y silencios, vagones llenos de esperanza".

Según la psicóloga, en ese momento "probablemente todas las personas presentes traían a su mente a sus personas queridas". La humanidad y la sensibilidad de Liliana, insistía, enseñaron no sólo cómo ayudar y consolar a las familias de las víctimas, sino que aportaron "reflexiones muy profundas para toda la sociedad".

Entre esas reflexiones, Álava evocó otra idea del discurso: la conciencia de que "la llamada que no se hace se queda sin hacer y que el beso que nos damos es el que más recordamos". Un recordatorio doloroso de cómo lo cotidiano puede cobrar un peso inmenso cuando el tiempo se quiebra de forma abrupta.