Ser consejero delegado sigue siendo para muchos la cima de una carrera profesional, sinónimo de prestigio, poder y una elevada remuneración. Sin embargo, el economista, profesor universitario y director general de LLYC en Madrid, Iñaki Ortega, sostiene que esa imagen está cada vez más alejada de la realidad.
Durante una entrevista con Rafa Latorre en La Brújula, el autor de '¿De verdad quieres ser CEO?' defendió que el liderazgo empresarial se ha convertido en una actividad sometida a una presión constante y con una enorme exposición pública.
El experto explicó que el propio título del libro busca provocar una reflexión sobre las verdaderas implicaciones del cargo. Según señaló, muchos identifican la figura del CEO con "muchos ceros en la nómina" y una gran capacidad de mando, cuando la realidad pasa por rendir cuentas de forma permanente ante accionistas, clientes, proveedores, empleados y la sociedad.
Un puesto cada vez más inestable
Ortega aseguró que la permanencia de los consejeros delegados se ha reducido de forma drástica en los últimos años. Si antes era habitual permanecer más de una década al frente de una compañía, ahora la situación ha cambiado radicalmente. Según explicó, la duración media se sitúa en torno a cinco años, aunque en las grandes empresas internacionales el dato es todavía más llamativo: ocho de cada diez CEOs abandonan el cargo antes de cumplir tres años.
A su juicio, el puesto ha pasado de ser "la estación final" de una carrera profesional a convertirse en un auténtico "sillón caliente", donde cualquier circunstancia puede precipitar un relevo.
La presión ya no depende solo de los resultados
Durante la conversación con Rafa Latorre, el autor señaló que los consejeros delegados ya no solo están expuestos a factores económicos. Conflictos geopolíticos, cambios regulatorios, transformaciones sociales, avances tecnológicos como la inteligencia artificial o incluso episodios de su vida privada pueden tener consecuencias inmediatas sobre su continuidad al frente de una empresa.
Ortega recordó que existen casos de directivos que han dimitido por problemas de salud derivados de la presión o incluso situaciones extremas, como el asesinato del director ejecutivo de una farmacéutica estadounidense ocurrido hace un año en Nueva York.
Pese a ello, quiso restar dramatismo a su reflexión y defendió que esa elevada exigencia forma parte del nivel de responsabilidad que asumen quienes ocupan esos cargos.
La audacia como principal cualidad del liderazgo
Más allá de las dificultades, Ortega sostuvo que el rasgo que diferencia a los mejores líderes es la capacidad para tomar decisiones complejas. Como ejemplo, recordó una reflexión de Toni Ruiz, consejero delegado de Mango, quien compara el liderazgo con un partido de fútbol.
Según explicó, un CEO "no puede limitarse al tiki-taka", sino que debe ser capaz de pedir el balón y asumir la responsabilidad de disparar a portería cuando llegan los momentos decisivos.
También destacó otros modelos de liderazgo presentes en grandes compañías españolas. De Josu Jon Imaz, presidente de Repsol, subrayó la importancia de dedicar tiempo a escuchar a los equipos, clientes y proveedores. De Juan Roig, presidente de Mercadona, puso en valor su cercanía con trabajadores y consumidores y su forma de comunicar únicamente cuando considera que tiene algo relevante que decir.
El liderazgo también se aprende
Preguntado por si un buen CEO nace o se hace, Ortega defendió que muchas de las cualidades necesarias pueden desarrollarse. Explicó que los directivos con los que conversó para escribir el libro coinciden en que gran parte de su aprendizaje procede de observar tanto a buenos como a malos líderes.
En ese sentido, aseguró que también existen "CEOs tóxicos y ególatras", cuyos errores sirven igualmente como referencia para quienes aspiran a dirigir organizaciones.
Además, reveló que algunos de los grandes directivos españoles encuentran inspiración en figuras alejadas del mundo empresarial, como el papa León XIV o el rey Felipe VI, a quienes consideran referentes de liderazgo.
