Rafa Latorre entrevistó en La Brújula al criminólogo y exagente de la Policía Nacional Antonio Cela para desgranar las claves del informe de Europol sobre las 730 redes delictivas más amenazantes de la Unión Europea. El experto explicó que el crimen organizado ha evolucionado hacia modelos más sofisticados, con presencia en varios países, uso intensivo de nuevas tecnologías y una capacidad de adaptación que obliga a las fuerzas de seguridad a responder con más cooperación internacional y nuevas herramientas legales.
La máscara legal del crimen
Cela sostuvo que una de las grandes señas de identidad del crimen organizado es su capacidad para operar detrás de estructuras aparentemente legales. Según explicó, estas organizaciones necesitan transformar los beneficios obtenidos de actividades ilícitas en activos que puedan circular en el mercado formal y sostener así su permanencia en el tiempo.
El criminólogo remarcó que esa lógica empresarial del delito no es accidental, sino parte esencial de su funcionamiento. En su opinión, la legalidad aparente es una cobertura indispensable para consolidar sus beneficios y prolongar su actividad criminal.
Un fenómeno transnacional
El experto también subrayó que el crimen organizado no entiende de fronteras y que su actividad se distribuye por distintos territorios según el papel que cada uno desempeña en la cadena delictiva. Puso como ejemplo el tráfico internacional de drogas, con origen en países productores y ramificaciones posteriores en Europa, el sur del continente o el norte de África.
Cela explicó que esa dimensión transnacional es una de las características que más preocupan a las autoridades, porque permite conectar producción, logística, blanqueo y distribución en varios puntos del mundo. A su juicio, esa capacidad de expansión convierte al crimen organizado en una amenaza directa para las sociedades avanzadas.
Tecnología al servicio del delito
Durante la entrevista, el criminólogo advirtió de que las nuevas tecnologías han abierto enormes oportunidades para las redes criminales. Citó la inteligencia artificial, la Dark Web, las comunicaciones satelitales y los sistemas de navegación remota como herramientas cada vez más presentes en sus operaciones.
Cela señaló además que el blanqueo de capitales, los testaferros, los paraísos fiscales y el uso de embarcaciones semi sumergibles o no tripuladas forman ya parte del ecosistema criminal. En su diagnóstico, la sofisticación tecnológica ha ampliado la capacidad operativa de estas organizaciones y ha elevado el nivel de amenaza.
Cooperación policial
No todo fue pesimismo en el análisis. Cela destacó que la coordinación entre cuerpos policiales y judiciales también ha mejorado, y que muchas organizaciones que aparecían en informes anteriores ya no figuran en los nuevos porque han sido desarticuladas.
El experto puso en valor mecanismos como Europol y Eurojust, así como la cooperación internacional para localizar fugitivos, coordinar detenciones y compartir información. También mencionó el desarrollo de figuras jurídicas más avanzadas en otros países, como la Fiscalía Especial contra el crimen organizado o el agente encubierto no policial.
Cela concluyó que el crimen organizado sigue siendo una de las grandes amenazas para las sociedades modernas, junto con el terrorismo y la guerra. Aun así, defendió que los Estados de derecho están incorporando herramientas nuevas para intentar ir por delante de estas redes, aunque todavía con retraso respecto a su evolución.
