CONTENIDO OFRECIDO POR Patronat de Turisme Costa Brava Girona

Una experiencia doble: del mar de la Costa Brava a la montaña del Pirineo de Girona

La provincia de Girona ofrece un abanico de propuestas culturales, gastronómicas y naturales para todos los gustos y todas las edades

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Madrid | 21.06.2022 09:59

No puede haber más atractivos concentrados en esta zona de Catalunya. La provincia de Girona ofrece un abanico de propuestas culturales, gastronómicas y naturales para todos los gustos y todas las edades. La esencia de este territorio se puede saborear, oler, tocar, ver y sobre todo, sentir. Impregnarse de ella es muy sencillo, solo requiere dejarse llevar y querer vivir el doble. Desde las aguas cristalinas de sus calas hasta sus parajes interiores dominados por los volcanes de la Garrotxa. Todo ello vigilado por el Pirineo de Girona. Elegir entre mar o montaña siempre es difícil por eso, el Patronat de Turisme Costa Brava Girona lo pone fácil y propone vivir el doble y no tener que renunciar a nada.

Calas de postal

Los más de 200 kilómetros de Costa Brava son una ventana al Mediterráneo. Desde largas extensiones de playa en Pals o Sant Pere Pescador a las calas de Sa Tuna, en Begur, o S'Alguer, en Palamós. Rincones que te transportaran a un paraíso azul donde poder relajarte y, con un poco de suerte, detener el tiempo. Pueblos con encanto donde podrás recrear la vida de antaño de los pescadores a través de las barracas que aún sobreviven. Aguas cristalinas donde se podrá disfrutar de un baño reparador, hacer snorkel, kayak o aprovechar la tramontana para practicar deportes acuáticos y náuticos. ¿El acceso? Por mar es una opción, pero el camino de ronda es un atractivo en sí mismo y te deleitará con unas vistas privilegiadas de la Costa Brava y del Mediterráneo. Una costa que acaba en uno de los parajes capaz de impresionar a propios y extraños como es el Parc Natural de Cap de Creus, una zona que siempre puede parecer igual pero donde nunca ocurre lo mismo.

Imagen: Arxiu Imatges

La belleza también está en el interior

Si la Costa Brava es capaz de dejarte sin respiración, poco tiene que envidiar el interior de Girona y la zona volcánica de La Garrotxa. Conocida por sus más de 40 volcanes, permite pasear entre ellos, pero también tener una perspectiva a vista de pájaro, solo es necesario hacer un viaje en globo. Desde las alturas, podrás ubicar pueblos medievales como Besalú o Santa Pau que te transportaran a otra época.

La Garrotxa
La Garrotxa | Laurence Norah

Naturaleza en estado puro la que ofrece la Vall de Núria. Un paisaje que se asemeja a una gran olla custodiada por montañas que alcanzan los tres mil metros y donde el santuario de Núria tiene un lugar privilegiado. Excursionistas, peregrinos y familias se dan cita en este enclave con un acceso pintoresco, el tren cremallera que recorre parte de las poblaciones de Ribes de Freser y Queralbs.

Pueblos donde se para el tiempo

Si Besalú o Santa Pau merecen una visita, también pueblos de interior como Monells, Peratallada o Pals. Calles que se caracterizan por sus adoquines, con las fachadas de las casas decoradas de manera natural con la buganvilla y plazas que explican historias pasadas. El mismo encanto que emana la costa con Calella de Palafrugell o el blanco impoluto de Cadaqués. Deambular sin rumbo te llevará por callejuelas pintorescas y te obligará a entrar en algunas de las tiendas para deleitarte con la artesanía y productos locales.

Pals
Pals | Jordi Gallego

Pueblos que te acogerán con los brazos abiertos y donde podrás alojarte, por ejemplo, en un faro. El de Sant Sebastià, en Llafranch, te está esperando.

Naturaleza en estado puro

Pero la provincia de Girona no es solo mar o montaña. También es sinónimo de los arrozales que encontramos cerca de Pals, el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà o el lago de Banyoles. Es el macizo del Montgrí desde donde divisar toda la plana de l’Empordà o las islas Medes. Es un paseo por la historia recorriendo las Ruinas de Empúries o visitando el poblado Ibérico de Ullastret. Es retroceder en el tiempo cuando entramos en el monasterio de Sant Pere de Rodes.

El placer de la gastronomía

La gamba de Palamós, la anchoa de L'Escala, el arroz de Pals y nombres propios como el de Ferran Adrià o los hermanos Roca, han situado la gastronomía de esta zona en el lugar que merece. Producto de proximidad como el pescado o un arroz preparado con mimo será un auténtico placer para todos los paladares. Recetas tradicionales y menús innovadores se dan la mano para ofrecer cada día el mejor género. Y todo, regado con un buen vino DO Empordà. Los viñedos están viviendo una segunda juventud y ofrecen una experiencia única con una buena banda sonora y un buen vino en medio de vides y ante una maravillosa puesta de sol. Es, por ejemplo, la carta de presentación del Mas Geli, situado al lado del mar.

Gambas de Palamós
Gambas de Palamós | Sherry-Ott

El enoturismo ofrece gran variedad de actividades que van desde la ruta del vino, a la visita de bodegas, un paseo entre viñas o el servicio de catas. La gastronomía de esta zona es un estilo de vida y una señal de identidad. Como las judías de Santa Pau o los embutidos artesanales elaborados con los mejores productos. Los amantes del queso también podrán disfrutar de las diferentes variedades de esta zona y degustar, por ejemplo, los quesos de pastor. Y es que la gastronomía es la mejor manera de conocer una tradición que atesora muchos años de historia.

La cuna del surrealismo

O, mejor dicho, la cuna de Salvador Dalí. El legado que dejó es de visita obligada y la mejor manera de conocer su obra. También se entiende porqué siempre fue un enamorado de su tierra. El triángulo daliniano lo conforman tres espacios dedicados a Dalí. El primero, el Teatro-Museo Dalí que encontramos en Figueras. La Casa Salvador Dalí, en Portlligat, es también una obra de arte con objetos y mobiliario de la época y unas impresionantes vistas a la bahía de Portlligat. Y el tercer enclave está en Púbol, el Castillo Gala Dalí. El pintor, considerado un genio, fue un gran embajador de su tierra.

Una tierra que no es o mar o montaña, sino que ofrece la posibilidad de vivir el doble. Solo hay que decidir por dónde empezar.