2,71 millones de euros. Es el dinero que se ha llevado Rosa en Pasapalabra, después de acertar todas las palabras de un rosco que ya es historia de la televisión en general, y del programa, en particular.
La hazaña no es poca cosa, sobre todo porque lleva intentando ganar el rosco desde el 18 de noviembre de 2024. Después de 307 programas y después de haberse quedado a las puertas del bote en hasta dos ocasiones.
La historia de Rosa, además, no deja de ser interesante. Nacida en Quilmes (Argentina) el 18 de octubre de 1993, su vida ha estado marcado desde muy pronto por el movimiento, la adaptación y el cruce de culturas. Con solo siete años, en 2001, emigró junto a su familia a España, asentándose en Galicia, y especialmente en A Coruña, la ciudad en la que más tiempo ha vivido y que ha terminado convirtiéndose en su verdadero lugar de arraigo.
Ese viaje de ida y vuelta entre orillas no es casual: su padre es gallego de nacimiento y había emigrado a Argentina siendo niño.
La familia su refugio
La familia ocupa un lugar central y estructural en su vida. Sus padres y sus tres hermanos -Marías, Enrique y Alejandra- son su espacio de seguridad, su refugio emocional y el punto de retorno cuando todo alrededor se hace difícil. Esa red afectiva no es solo un apoyo, sino también un motor silencioso que atraviesa muchas de sus decisiones vitales.
Su carrera profesional
En el plano académico, su trayectoria revela una vocación clara por el lenguaje, el conocimiento y los procesos de aprendizaje. Inició su formación universitaria con el grado en Filología Inglesa, al que fue sumando, con el paso de los años, un máster en Lingüística, otro en Educación y un tercero en Neurociencia aplicada a la educación. Este itinerario no responde a una acumulación casual de títulos, sino a una búsqueda progresiva por comprender cómo funciona el lenguaje, cómo aprenden las personas y qué sucede en el cerebro cuando ese aprendizaje se produce.
Actualmente, trabaja como profesora de español como lengua extranjera para estudiantes internacionales enseñando a estudiantes internacionales que no tienen el castellano como lengua materna.
La cocina, su gran pasión
Fuera del ámbito profesional, una de sus grandes pasiones es la cocina. La vive como un espacio de placer, aprendizaje y encuentro.
Así lo explica la propia Rosa: "Me encanta comer y me encanta aprender". La cocina le gusta porque para ella es una buena manera de descubrir culturas y sabores nuevos y aprender y practicar nuevas habilidades/técnicas constantemente; además de lo que supone compartir el resultado con personas que quieres y, en general, todo el ritual que existe alrededor de la comida.
También le gusta hacer deporte, leer, escuchar pódcast, estar en la naturaleza, dibujar y bordar.
Música, películas, libros...
Reconoce que consume poca música y contenido audiovisual, pero cuando lo hace se inclina especialmente por el folk, el folk rock y el country folk, sin cerrar la puerta al pop. Su película favorita es Origen, una elección que dialoga bien con su interés por la mente, la percepción y las estructuras complejas de la realidad.
En cuanto a la lectura, se siente especialmente atraída por libros de historia, psicología y antropología, disciplinas que le permiten entender mejor al ser humano y sus contextos.
Una palabra para definirse
Si tuviera que definirse con un solo adjetivo, elegiría "curiosa". Le encanta aprender, hacerse preguntas, buscar el porqué de las cosas y descubrir mundos nuevos. Se considera introvertida, aunque sociable: disfruta de las personas y del intercambio, pero no necesita una interacción social constante.
Es tímida, algo que a veces hace que pueda parecer seria en un primer contacto. Hay un adjetivo que no sabe si la define por completo, pero al que aspira conscientemente: positiva. Intenta encontrar el lado bueno de las situaciones y construir desde ahí.
Cómo llegó a Pasapalabra
Un capítulo especialmente significativo de su vida nace durante la pandemia. Viviendo de nuevo con sus padres, pasaba las tardes viendo concursos de televisión junto a su madre, una gran aficionada al género que siempre había soñado con participar en alguno y que incluso llegó a presentarse a varios castings sin éxito.
Fue ella quien, con insistencia cariñosa, le animó a dar el paso. En particular, pensaba en Pasapalabra, un programa que su hija veía de niña cuando lo presentaba Silvia Jato y al que ya entonces decía que se apuntaría al cumplir la mayoría de edad.
El 10 de diciembre de 2020 decidió empezar a prepararse, sin imaginar en absoluto todo lo que aquella decisión acabaría implicando en su vida.
Sus grandes sueños
Entre sus sueños pendientes hay dos que hablan tanto de herencia como de deseo personal. Por un lado, le gustaría aprender a hacer quesos y profundizar en el mundo de las masas -panes, pizzas, dulces-, un interés que conecta directamente con su padre, que fue pizzero. Por otro, lleva años posponiendo el estudio de la carrera de Psicología, una disciplina que la atrae profundamente y que encaja de forma natural con su forma de mirar el mundo.
Como detalle, de niña jugó en un equipo de fútbol, una experiencia que suma otra capa más a una personalidad compleja, inquieta y poco encasillable.

