De casa al trabajo y del trabajo a casa. En una sociedad donde el ritmo de vida es cada vez más acelerado, la cronofobia está ganando atención entre profesionales de la salud mental y la población general, representando un miedo intenso e irracional al paso del tiempo.
La cronofobia produce una ansiedad persistente, un miedo irrefrenable que aumenta con la edad, pues comienzan a sentir con más fuerza la limitación de su vida y el paso inevitable de los años.
Derivada del griego chronos (tiempo) y phobos (miedo), los especialistas señalan que este miedo no es una reacción aislada, sino una forma de ansiedad profunda: quienes lo padecen pueden obsesionarse con el paso de los días, experimentar pánico al pensar en su limitado tiempo de vida o incluso evitar situaciones que les recuerden el avance del reloj.
Cumplir décadas, impacto de golpe
En Más de Uno, Carlos Alsina ha explicado que "comprobar que los años han pasado más rápido de lo que uno esperaba" puede generar un impacto en muchas personas. "Suele llegar con la mediana edad y se agrava cuando llegas a una edad avanzada", añade, ironizando con que "les irrita que Marta García Aller esté deseando todo el tiempo que los días pasen muy deprisa". Ha concluido diciendo que "ellos están pensando que, cuánto más deprisa pasan, menos días nos quedan".
El aumento de la cronofobia con la edad puede deberse a diversos factores:
- Conciencia creciente de la mortalidad: cuanto más mayor se es, más presente se tiene que el tiempo vital es finito, lo que puede generar angustia y constantes pensamientos sobre el futuro.
- Marcadores sociales del paso del tiempo: eventos como cumpleaños redondos, jubilación o el fallecimiento de amigos y familiares pueden disparar sentimientos de pérdida o vacío existencial.
- Reflexión sobre el pasado y futuro: la falta de tiempo para hacer lo que desean puede favorecer la aparición de cronofobia.
El psicólogo Juan Tosca explicó en Onda Cero Castellón que "piensas que la época anterior era mejor, pero en la anterior pensabas que la anterior era mejor. Tiene un error de base fundamental y es que no sabemos vivir el presente, no sabemos cuáles son nuestras circunstancias".
Añadía también que la clave está en no pensar mucho más allá de lo que estamos haciendo en el momento, pues "tengo posibilidades de hacer cosas que antes no podía y hay cosas que hacía antes que ahora no puedo".
