Erin Brockovich es una activista del medioambiente conocida principalmente por la demanda que interpuso en 1993 contra la empresa Pacific Gas and Electric Company (PG&E) por contaminar con cromo hexavalente el agua potable de una comunidad de California, lo que obligó a la compañía a pagar 333 millones de dólares en indemnizaciones.
Todo un símbolo del activismo medioambiental que bien se podría comparar con el llevado a cabo por Manuela Navarro, bautizada como "La Erin Brockovich de Orcasitas" por Aneyma León durante la Mesa de redacción de Julia en la onda. Manuela puso patas arriba su barrio al conseguir que se evitaran desprendimientos y que se retirara el amianto convirtiéndolo así en un modelo de eficiencia energética al recibir multitud de premios y reconocimientos en medio mundo.
Manuela Navarro tiene 71 años y es una heroína local de proyección internacional. El año pasado la invitaron al Parlamento Europeo a contar su historia. El Colegio de Arquitectos la nombró colegiada de honor 2025. Era administrativa de una multinacional y ahora está jubilada. Da charlas invitada por el Ministerio de Vivienda y hasta ha salido en un libro de texto de 4º de la ESO.
Un desprendimiento se convirtió en la rehabilitación de un barrio entero
¿Y por qué? ¿Cuál es la hazaña de Manuela? Pues todo empezó hace 12 años. En 2014 una vecina le dijo que se había caído un trozo de fachada cerca de donde vivían. El trozo de fachada en cuestión era un revestimiento exterior de cemento (Antepecho) y pesaba nada menos que 600 kilos. Podía haber ocasionado una desgracia muy grande.
"Pensé que si se había caído una, era factible que se cayera otra. Vine a la asociación de vecinos porque entendí que eran ellos quienes tenían que hacer. Ellos dijeron que no tenían nada que ver, que era un tema particular. Fui al día siguiente y literalmente me dieron la espalda. Me dijeron que no les complicase la vida. Ahí dije que había que empezar a avisar a los vecinos y a buscar ayuda porque eso podía ser un problema. Ahí empezó todo: intenté que un serio problema fuera una oportunidad para el barrio", explica.
El barrio es el Poblado Dirigido de Orcasitas, al sur de Madrid, un barrio obrero de familias y personas mayores, con 107 bloques de 10 alturas, todos iguales. Manuela encargó informes a arquitectos, a peritos, puso su casa de conejillo de indias -se la agujerearon entera- y con toda la documentación empezó una batalla llenando el barrio de carteles y puerta por puerta.
"Hubo vecinos muy detractores que me insultaban gravemente"
Algunos le daban con la puerta en las narices: "Hubo vecinos muy detractores que me insultaban gravemente. Lo primero que pensamos era que cualquier cosa que se propusiera, pensaban en cuánto iba a costar. No es luchar contra esa persona, sino que detrás hay un abanico de personas que no vemos y que todos opinan".
Y para según quién, vale más la opinión del cuñado que el informe del arquitecto o el ingeniero. Había desconfianza, desinformación, miedo a los gastos, pero Manuela, además de las puertas de sus vecinos también tocó las de la todas las Administraciones, la Local, la Autonómica y la Europea, buscando ayudas debajo de las piedras.
"Hay 1830 familias beneficiadas que no tienen que poner la calefacción"
Todas las subvenciones a las que optaban iban ligadas a la eficiencia energética, así que además de arreglar las fachadas y quitar los revestimientos peligrosos, había que convertir los edificios en eficientes y de los primeros cinco o seis vecinos que consiguió juntar, terminaron siendo cientos, el barrio entero.
"De los 107 bloques de 10 alturas que tiene el barrio, en siete años, 90 están totalmente terminados. Hay aproximadamente unas 1830 familias ya beneficiadas que no tienen que poner la calefacción, que se están ahorrando un montón de dinero, que tienen edificios sanos, se ha quitado el amianto. Cada familia, cada casa se ha gastado unos 3.000 o 4.000 euros, pero gracias a la subvención. Tenemos entre un 58% y un 70% menos de emisiones a la atmósfera", explica.
La Colonia Dirigida de Orcasitas ahora es inspiración para comunidades de dentro y fuera de nuestro país. Hace dos años la Comisión Europea organizó una visita con asociaciones de vecinos de toda Europa. Y Manuela les llevó a su bar de siempre, el bar Deva: "Manuela aquí en el barrio es imposible que dé dos pasos y no la hable nadie. Ahora está liada con lo de las placas solares".
