El documental 'La Superviviente' aborda la historia de Alicia Esteve, la catalana que se hizo pasar por Tania Head, una supuesta superviviente de los atentados del 11S que, incluso, llegó a presidir una asociación de víctimas en Nueva York. "Es la historia de alguien que crea una máscara ad hoc para ser querida", ha explicado Kike Maíllo, director de la película, en Julia en la Onda.
Durante los años que duró la farsa, Esteve decía que había escapado de la Torre Sur, que había sufrido graves heridas y que su prometido había muerto en la Torre Norte. Incluso llegó a decir que uno de los bomberos que había ayudado a los supervivientes era quien la había ayudado a salir.
Fue una de las activistas más importantes durante años
La historia, llena de elementos más propios de una película de Hollywood que de una historia real, convenció a multitud de personas. "Ella era una guionista fabulosa", ha comentado Markos Goikolea, guionista del documental. De hecho, ha recordado que la mujer llegó a contar que su prometido y ella se habían conocido cuando iban a coger el mismo taxi: "Era como un capítulo de Sexo en Nueva York".
Así las cosas, bajo el nombre de Tania Head, acabó presidiendo la World Trade Center Survivors' Network, organizó encuentros, viajes y logró que los supervivientes fueran reconocidos en actos de homenaje en los aniversarios. "Hasta 2005 ni siquiera eran invitados", ha apuntado Goikolea.
El dinero que consiguió gracias a la Fundación lo utilizó para financiar necesidades del colectivo, pero no para fines personales, lo que habla "de otro tipo de necesidades", tal y como ha dicho Maíllo.
La farsa se destapó en 2007
Tania fue descubierta en 2007, cuando los periodistas de The New York Times comprobaron que no había trabajado en Merrill Lynch, la familia de su prometido no la conocía y tampoco había constancia de sus estudios en Harvard. "La mentira no era difícil de destapar. Lo que ocurre es que nadie la cuestionó durante todos estos años", ha señalado Maíllo.
En realidad, Alicia Esteve era de Barcelona y procedía de una familia burguesa que había perdido buena parte de sus ingresos y estatus tras verse implicada en un caso de corrupción en los años 90. También había sufrido un accidente de tráfico que le provocó una discapacidad en un brazo. Todo ello, en palabras de Goikela, pudo contribuir a que se creara una falsa identidad, "una vida más parecida a la que siempre soñó".
