CALOR

Golpe de calor o insolación: los síntomas que no debes confundir con un simple mareo

Con las altas temperaturas, cada verano se repite la misma confusión: un mareo por calor y un golpe de calor no son lo mismo, y tratarlos igual puede ser peligroso.

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Madrid |

Un hombre bebe agua de una fuente durante la ola de calor en España.
Un hombre bebe agua de una fuente durante la ola de calor en España. | Marta Fernández / Europa Press

La confusión entre ambos cuadros no es un simple matiz de vocabulario: puede llevar a que alguien reste importancia a una urgencia real, o al contrario, a que se dramatice un mareo pasajero. Los servicios de emergencia insisten cada verano en la misma idea: hay una señal muy concreta que permite distinguirlos sin necesidad de instrumentos, y hay unos primeros minutos de actuación que marcan la diferencia. Esto es lo que hay que saber.

Insolación y golpe de calor no son sinónimos

Es habitual usar ambos términos indistintamente, pero no describen lo mismo. La insolación aparece tras una exposición prolongada y directa al sol, sobre todo en la cabeza y la nuca, y suele cursar con debilidad, sed intensa y calambres musculares. El cuerpo sigue regulando su temperatura, aunque con dificultad.

El golpe de calor es distinto y más grave: se produce cuando el organismo pierde por completo la capacidad de regular su temperatura. No es una versión «más fuerte» del mareo de siempre, sino una urgencia médica que puede derivar en daño en órganos si no se actúa rápido.

La señal que marca la diferencia: cómo está la piel

Hay un detalle que ayuda a distinguir uno de otro sin necesidad de termómetro: el estado de la piel. En la insolación, la piel suele estar húmeda y fría, porque el cuerpo todavía sudando para intentar refrescarse. En el golpe de calor, en cambio, la piel está caliente, seca y enrojecida, señal de que el mecanismo de sudoración ha dejado de funcionar.

Otros indicios de golpe de calor son una temperatura corporal por encima de los 39,5-40 ºC, frecuencia cardíaca acelerada, confusión, desorientación o incluso pérdida de conocimiento. Si aparece cualquiera de estos síntomas junto a piel seca y muy caliente, no conviene esperar a ver si "se pasa solo".

Qué hacer mientras llega la ayuda

Ante la sospecha de un golpe de calor, la recomendación de los servicios de emergencia es clara: llamar al 112 de inmediato. Mientras llega la asistencia, se puede trasladar a la persona a la sombra o a un lugar fresco, retirarle el exceso de ropa y aplicarle agua fresca o paños húmedos en el cuerpo, especialmente en cuello, axilas e ingles, para ayudar a bajar la temperatura.

En el caso de una insolación sin señales de gravedad, suele bastar con reposo en un lugar fresco, hidratación con agua o bebidas isotónicas y vigilar que los síntomas no empeoren. Si hay dudas sobre cuál de los dos cuadros se está produciendo, la recomendación por defecto es pedir ayuda médica: es preferible una llamada de más que una tardanza de menos.

Quién tiene más riesgo

Los mayores de 65 años, los menores, las personas con enfermedades crónicas (cardiovasculares, respiratorias o renales) y quienes realizan esfuerzo físico intenso al aire libre en las horas centrales del día son los colectivos con más riesgo de sufrir un golpe de calor. Para ellos, las medidas de prevención —evitar la calle entre las 12:00 y las 17:00, hidratarse sin esperar a tener sed— son especialmente importantes.

Hay un matiz que suele olvidarse: muchas personas mayores no perciben la sed con la misma intensidad que el resto, lo que las lleva a beber menos agua de la que necesitan sin ser conscientes de ello. Por eso las recomendaciones para este colectivo insisten en beber agua a horas fijas, aunque no se tenga sensación de sed, y en vigilar a quienes viven solos durante los días de más calor.