El cambio climático intensificó las lluvias que devastaron Valencia el 29 de octubre de 2024, según un estudio de atribución publicado este lunes en Nature Communications. La investigación, liderada por Carlos Calvo-Sancho (Universidad de Valladolid) junto a científicos del CSIC, Aemet y el CNR italiano, comparó el episodio bajo condiciones climáticas actuales y preindustriales mediante simulaciones. Los resultados muestran que el calentamiento global incrementó un 21% la tasa de precipitación en seis horas. También amplió la superficie afectada por lluvias superiores a 180 mm y aumentó un 19% el volumen total de precipitación sobre la cuenca del Júcar.
Como explica el portavoz de Aemet en el pódcast de Newtral y Onda Cero 'Esto no ha pasado', ya había indicios y estudios preliminares que asociaban la intensidad de esta DANA a las altas temperaturas del mar Mediterráneo en 2024. El presente estudio coincide en que, tanto este mar como el océano Atlántico, anómalamente cálidos, aportaron más vapor de agua a la atmósfera, lo que a su vez alteró la dinámica interna de la tormenta, haciendo la precipitación más intensa y extensa.
Hay que prepararse para nuevas DANAs o borrascas destructivas
Los autores señalan "la urgente necesidad de estrategias de adaptación eficaces y de una mejor planificación urbana" ante el creciente riesgo de fenómenos hidrometeorológicos extremos. Algo en que coincide Rubén del Campo en la entrevista mantenida con Mario Viciosa para Onda Cero Podcast.
El portavoz de Aemet señala que en las lluvias récord registradas en Grazalema (Cádiz) durante la borrasca Leonardo —casi 600 litros en 24 horas— "sí que puede estar también la huella del cambio climático", aunque se requerirá un estudio específico como el que acaba de publicarse sobre la DANA de Valencia.
"Un océano más caliente y una atmósfera también más caliente favorecen que haya mucho más vapor de agua", explicaba. "Cuando esos ríos atmosféricos se encuentran con una cadena montañosa que hace de parapeto y exprime esa masa de aire como si fuera una esponja, las lluvias son descomunales". El portavoz subrayaba también que las sequías actuales son más severas que las de mediados del siglo XX, no tanto porque llueva menos, sino por el efecto multiplicador de las temperaturas más altas: "La superficie con clima árido en España se ha duplicado, y sobre todo por esa subida de temperaturas".
El estudio se suma a los análisis previos realizados en tiempo casi real por iniciativas como ClimaMeter y World Weather Attribution, pero aporta un nivel de detalle superior gracias a sus simulaciones convectivas a escala kilométrica. Ernesto Rodríguez Camino, presidente de la Asociación Meteorológica Española, valora el trabajo en el SMC de España. No obstante recalca las limitaciones que tiene evaluar episodios tan extremos como los últimamente vividos en España. Los propios autores reconocen que no pueden cuantificar la probabilidad de que se repita un evento similar ni si podría darse en otra región.
Un invierno de borrascas destructivas
La publicación de estos resultados coincide con un invierno de 2026 marcado por un tren de borrascas históricas en el sur de España. Como resume Del Campo, la conexión entre tiempo extremo y cambio climático ya no es una hipótesis abstracta. "Pero la huella del cambio climático estaría más en la cantidad de lluvia que cae que en el hecho de que estos trenes de borrascas sean ahora más frecuentes", si bien no es habitual que circulen tantas borrascas en latitudes tan bajas. No es que necesariamente haya más, pero sí descargan más agua cuando llegan.

