Dos días después de la tragedia ferroviaria en Urda, el ministro de Transportes, Óscar Puente, sigue en el centro de las críticas, no solo de la oposición, sino también de los socios de Gobierno, que piden que asuma responsabilidades. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha manifestado su apoyo total al ministro, según fuentes de Moncloa.
Pero si observamos otras tragedias ferroviarias que se han producido en otros países, también observaremos que la respuesta política de sus gobiernos fue completamente diferente. India, en 1956, y Grecia, en 2023, sufrieron dos gravísimos accidentes que terminaron con la dimisión de sus respectivos titulares de Transportes.
El accidente de Grecia
Tal y como explica Ana Núñez-Milara en Más de uno, la noche del 28 de febrero de 2023, un tren de pasajeros chocó frontalmente contra otro de mercancías al noroeste de Grecia. Hubo 57 muertos, muchos de ellos estudiantes que regresaban tras las vacaciones de Carnaval.
Un accidente que todavía Grecia no puede olvidar porque las familias lo siguen llamando un "crimen anunciado", ya que los trabajadores llevaban años advirtiendo de las deficiencias del sistema. Horas después del siniestro, el ministro de Transportes dimitió. Era lo "mínimo que podía hacer para honrar la memoria de las personas que murieron tan injustamente", según dijo.
Grecia, al igual que España en este momento, estaba a las puertas de unas elecciones y, "aunque hablar de urnas suena lejano y casi impropio ante el dolor de tantas familias", explica Núñez-Milara, "sepan que terminó ganando el mismo partido que gobernaba. Aunque la dimisión no acabó con las protestas, se entendía que la responsabilidad no caía sobre el último de los operarios".
El caso de India
En 1956, se produjeron en India dos gravísimos accidentes ferroviarios en apenas tres meses que dejaron 255 muertos. Su ministro de Ferrocarriles presentó la dimisión tras el primero en septiembre, pero no se la aceptaron. Después del segundo, a finales de noviembre, insistió y se marchó.
Fue hace mucho tiempo, pero su discurso escribiría una nueva página en los anales de la dignidad política. Dijo: "Si un desastre de semejante magnitud con la pérdida de tantas vidas inocentes ocurre bajo mi administración, la responsabilidad moral recae inevitablemente sobre mí. No se trata de encontrar culpables técnicos; se trata de fijar un estándar y preservar la moral de las instituciones democráticas. Si mi renuncia sirve para despertar una mayor vigilancia en la administración ferroviaria, entonces, voy en paz".
Se trata de dos casos concretos que no son la norma, pero demuestran que existen otras maneras de responder ante una catástrofe. "Mientras otros ministros dimitieron ante la gravedad de los hechos sin esperar las investigaciones ni utilizar el respeto a las víctimas como escudo ante las críticas, aquí en España se filtran los audios de los operadores del Centro de Control de Atocha para esparcir la culpa ante el último eslabón de la cadena", cuenta la periodista.

