Marilyn Monroe sigue generando interés 64 años después de su muerte. En el año del centenario de su nacimiento, Alfonso Levy ha querido recuperar en JELO en verano una imagen menos conocida de la actriz: la de una mujer culta, apasionada por la lectura y con una enorme capacidad interpretativa, muy alejada del personaje de "rubia tonta" y sex symbol que Hollywood proyectó sobre ella.
Para el colaborador, Monroe tenía una capacidad especial para transmitir emociones incluso en sus papeles cómicos. "Marilyn sería esa persona que, riendo, riendo, ves el fondo de una lágrima". Esa mezcla entre alegría y tristeza estaba presente tanto en su personalidad como en sus interpretaciones. "La pena la ha transformado en arte", resume al hablar de la actriz, aunque él tiene clara su opinión: "Como actriz me parece descomunal".
Como actriz me parece descomunal
El colaborador de JELO en verano ha defendido sin matices el talento interpretativo de Marilyn Monroe. En su opinión, su presencia cinematográfica era tan potente que conseguía "traspasar la pantalla". "Creo que en cualquier escuela de cine de interpretación debería mostrarse una y otra vez. Creo que es fantástica, como actriz", ha asegurado.
Tampoco pasa desapercibida su voz, que describe como algo que "parece que te susurra al oído, que te habla, que es confidencial". Para Levy, Marilyn consiguió convertir sus propias emociones en una herramienta artística: "Siempre ha sobrepasado un sollozo; no se quedó ahí".
La mujer detrás de la "rubia tonta"
Una de las principales contradicciones en la vida de Marilyn Monroe fue, según Levy, la distancia entre la mujer que era y el personaje que Hollywood quería mostrar. "Era una lectora extraordinaria", ha afirmado. Su interés por la literatura llegó hasta el punto de que quería interpretar a un personaje de Los hermanos Karamazov. También ha recordado su relación con Michel Chéjov, nieto de Antón Chéjov, quien le recomendaba lecturas.
Arturo Téllez ha definido esa contradicción con una palabra: "Disonancia". La persona "era culta, era lectora, quería transmitir naturalidad, sinceridad" mientras tenía que asumir "un personaje de la rubia tonta de la sexualidad exacerbada, hiperbólica". Levy coincide con esa definición: "Es muy feliz la palabra disonancia porque sintetiza todo en su vida".
