En los pueblos turísticos de Aragón, el verano llega con una doble cara: trae vida, movimiento y negocios llenos, pero también una presión difícil de sostener para municipios pequeños que siguen financiándose como si solo atendieran a sus vecinos empadronados. Alcalá de la Selva es ejemplo de esa tensión: pequeñas localidades de menos de mil habitantes que en julio y agosto multiplican su población, llenan calles, piscinas, fiestas y segundas residencias, pero tienen que mantener servicios, limpieza, abastecimiento y actividades con presupuestos pensados para el invierno. “Contamos con cuatro depósitos de agua para mantener a una población que se multiplica por veinte. La verdad es que es muy lo tienes que ir organizando muy bien”, ha comentado la alcaldesa del municipio, Amparo Atienza.
Este pueblo pasa de casi 400 habitantes a los 6.000 en los meses de verano. Durante esta temporada el ayuntamiento se acoge al Plan de Empleo de Diputación para poder reforzar sus servicios: “Contratamos a cinco personas más, pero cada vez es más complicado”, ha matizado Atienza en ‘En la onda’.
Ante esta situación reclaman una financiación que tenga en cuenta la población flotante, porque, como advierte la alcalde, ahora les toca hacer auténticos malabares: “Por ahora no tenemos respuestas de instituciones superiores”.
A pesar de la dificultad de la gestión desde Alcalá de la Selva son conscientes de viven del turismo: “Nosotros estamos encantados. Todos los establecimientos viven del turismo, los albañiles, fontaneros, todos estamos en el sector servicios, pero que sí que es verdad, que necesitamos la ayuda de la administración porque es insostenible”, ha concluido Amparo Atienza.
