La escalada en Irán continúa. A los ataques cruzados a infraestructuras energéticas de principios de semana, se suma un nuevo bombardeo de Israel y EEUU contra el centro iraní de enriquecimiento de uranio en Natanz. Después, la amenaza de Donald Trump de atacar y "arrasar" las centrales eléctricas iraníes si el país no reabre en 48 horas el estrecho de Ormuz.
A pesar de que el presidente estadounidense lleva varias semanas diciendo que la guerra está cerca de terminar, lo que es cierto es que vamos a entrar ya en la cuarta semana de conflicto con la línea roja de los ataques a objetivos energéticos traspasada.
"Aún se puede escalar más"
Fernando Arancón y Alba Leiva explican en El Orden Mundial de Julia en la onda hacia dónde va la contienda, que está muy lejos de acabar, a pesar de lo que diga el mandatario estadounidense: "Vemos que hay todavía una escalada. No pensemos que hemos llegado al tope de violencia entre ambas partes, sino que aún se puede escalar más".
El motivo es que, aunque cada vez más voces pidan una desescalada en las tensiones, ni Israel ni Estados Unidos "tienen un incentivo demasiado claro" para hacerlo: "Es verdad que si desescalasen, Irán seguiría la senda porque va un poco reaccionando al vaivén, pero el ritmo lo marcan Israel y EEUU".
Otro punto es la energía. Es cierto que el barril de Brent cerró el viernes en 112 dólares el barril y el gas natural, en 3,10 dólares, y que en los últimos días hemos visto bajar el pico de precios que tuvimos, pero eso no quiere decir que se esté produciendo una desescalada en el conflicto, sino que igual, "tristemente, el mercado se está acostumbrando a lo que está pasando en Oriente Medio".
España, de los países menos afectados por la crisis energética
Las economías europeas son muy sensibles a los vaivenes energéticos porque Europa no produce nada con lo que poder amortiguarlo y al final es muy dependiente de los combustibles fósiles. Hace unos días, El Financial Times publicó que España y Francia eran los países europeos donde el shock energético había tenido menos impacto gracias a la energía solar y a la energía nuclear, respectivamente. Sin embargo, otros como Alemania y Reino Unidos se estaban "comiendo entera" toda esta crisis energética.
Pero no conviene "lanzar las campanas al vuelo" porque la destrucción de infraestructuras energéticas puede tener consecuencias a largo plazo y eso es "peligroso". Explican que Reuters afirmó que el ataque sobre Qatar había reducido en un 17% las exportaciones de gas natural licuado, sobre todo, el que va a Asia.
"Una reconstrucción a largo plazo que no se soluciona en dos días"
Y esto puede originar un problema a medio-largo plazo: "Sobre todo de tres a cinco años. Este riesgo de que infraestructuras de gas o petróleo en Qatar, Arabia, Kuwait o Irán sufran daños implica una reconstrucción a largo plazo, no se soluciona en dos días".
Por ello, Europa tiene un problema porque cuando la energía rusa se cerró en 2022, el continente pivotó sobre el Golfo Pérsico. Y ahora que el conflicto está escalando, Europa tiene que volver a pivotar para encontrar proveedores en otras zonas que no sean ni Rusia ni Oriente Medio. ¿Cuáles podrían ser? EEUU, Canadá, Nigeria, Azerbayán, etc: "No son lo más maravilloso", reconocen en El Orden Mundial: "Vemos todos los huevos en la cesta y ahora, la segunda cesta, que era el Golfo Pérsico, también se ha puesto complicada".
