Se cumplen 80 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, un acto que cambió la historia de la humanidad y cuyas secuelas persisten en la memoria colectiva. Este aniversario invita a recorrer cuáles fueron las causas de esta drástica solución que el gobierno de Estados Unidos tomó, al igual que cómo fue el momento de esa terrible explosión y cómo cambió todo tras aquel lunes de agosto de 1945, así como a recordar anécdotas y curiosidades que envuelven esta tragedia mundial.
En el verano de 1945, Japón se encontraba cada vez más acorralado por los Aliados tras largos años de guerra. Desde marzo, Estados Unidos había intensificado los bombardeos sobre ciudades japonesas, destruyendo con bombas incendiarias grandes áreas urbanas y causando la muerte de cientos de miles de civiles. Sin embargo, la rendición nipona no se materializaba y el alto mando estadounidense confió en que una nueva y devastadora arma aceleraría el final de la contienda.
Preparativos y decisiones cruciales
La creación de la bomba atómica fue el resultado de años de investigación en el 'Proyecto Manhattan'. En la madrugada del 6 de agosto, el bombardero Enola Gay, bautizado así por el nombre de la madre de su comandante, Paul Tibbets, despegó de la isla de Tinian, a seis horas de vuelo de Japón, con la misión de ejecutar el que sería el primer ataque nuclear de la historia. La bomba, llamada "Little Boy", medía 4.5 metros, pesaba cerca de 5 toneladas y contenía una carga de uranio capaz de liberar una energía explosiva de más de 16 kilotones de TNT.
Un hecho poco conocido: durante el vuelo, el dispositivo se mantenía desactivado para evitar riesgos y fue armado en pleno trayecto por el capitán de la Armada William Parsons y su asistente, el subteniente Morris Jeppson. Solo minutos antes de llegar a Hiroshima retiraron los seguros de la bomba.
La selección de la ciudad tampoco fue casual: Hiroshima era un importante centro industrial y de transporte militar, además de encontrarse relativamente intacta tras anteriores bombardeos.
El instante que estremeció al mundo
A las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, la bomba fue soltada sobre Hiroshima. Cincuenta y cinco segundos después, a unos 600 metros de altura,detonó, desencadenando una explosión nunca antes vista. La temperatura en el epicentro superó el millón de grados centígrados, creando una bola de fuego y una onda expansiva acompañada de un hongo radiactivo visible a kilómetros.
El sobrecogimiento fue tal que el copiloto del Enola Gay, Robert Lewis, escribió en su cuaderno: "Dios mío, ¿qué hemos hecho?". En esa mañana clara, en cuestión de segundos, unas 80,000 personas murieron instantáneamente; decenas de miles más fallecieron en las horas, días y semanas siguientes por el efecto combinado de las quemaduras, heridas y radiación.
Un dato curioso: muchos habitantes, tras una primera alarma antiaérea, decidieron regresar a sus rutinas al considerar escaso el riesgo por la presencia de pocos aviones; desconocían el poder de la nueva arma.
El después: Devastación, supervivientes y legado
El 70% de la ciudad quedó arrasada. Más de 105,000 edificios, escuelas, hospitales y templos desaparecieron o quedaron seriamente dañados. Los pocos supervivientes, denominados en la cultura nipona como 'hibakushas', enfrentaron enfermedades, secuelas físicas y psicológicas y la estigmatización social por temor al "contagio" radiactivo.
La explosión no solo acabó con vidas sino también con familias y comunidades. Uno de los testimonios más emblemáticos corresponde a Sadako Sasaki, una niña que contrajo leucemia años después del bombardeo y cuyo sueño de doblar mil grullas de papel como símbolo de esperanza se convirtió en leyenda y referencia mundial por la paz.

La noticia del bombardeo dio la vuelta al mundo y, ante la amenaza de una nueva detonación —cumplida tres días después en Nagasaki—, fue determinante para la rendición de Japón. El 15 de agosto, el emperador Hirohito anunció la capitulación. La Segunda Guerra Mundial llegaría oficialmente a su fin el 2 de septiembre de 1945 con la firma del acta en el USS Missouri.
Legado, memoria y símbolos
Ochenta años después, Hiroshima es una ciudad símbolo. El Parque Memorial de la Paz, con la Cúpula de la Bomba Atómica, se alza como recordatorio del horror y a la vez del compromiso global por la abolición de las armas nucleares y la búsqueda de la paz.
Una anécdota final ilustra el renovado vínculo entre Japón y Estados Unidos: el avión Enola Gay, restaurado, forma parte hoy de una exhibición en el Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington, aunque su historia sigue generando debate sobre la memoria y la responsabilidad.
En Hiroshima, cada 6 de agosto, miles de personas lanzan farolillos de papel al río Motoyasu, recordando a quienes perdieron la vida y mostrando al mundo el valor de la resiliencia, la memoria y la paz.

